Según investigaciones de Gloria Mark, psicóloga y catedrática de Informática de la Universidad de California en Irvine (UCI) y autora del libro Cómo recuperar la capacidad de atención (Tendencias, 2023), la atención media de una persona que en 2004 veía algo en una pantalla era de dos minutos y medio. En la actualidad ese promedio apenas supera los 40 segundos. Esa caída se puede aplicar también a los libros o al estudio. No es de extrañar cuando, según datos de los organizadores de la campaña global Febrero sin móvil, las personas de todo el mundo revisan (de media) su smartphone unas 221 veces al día; si descontamos siete u ocho horas teóricas de sueño, equivale a más de 13 revisiones por hora. “Vivimos rodeados de estímulos que compiten constantemente por captar nuestra atención. Al mismo tiempo, nos hemos acostumbrado a consumir información de forma rápida. Todo esto provoca que actividades como estudiar, que requieren mantener el foco de atención durante un periodo prolongado, nos supongan un mayor esfuerzo”, afirma Cristina Peralta Castro, responsable del Servicio de Orientación Universitaria de la Universidad CEU San Pablo.Precisamente, los resultados del último Informe PISA —evaluación entre estudiantes de 15 y 16 años—, publicados el pasado martes, sugieren que el retroceso en comprensión lectora (23 puntos en el caso de España, equivalente a un curso académico) podría estar relacionado “con la capacidad o disposición del alumnado para mantener una atención concentrada en tareas de lectura exigentes”.Los estudiantes universitarios no son ajenos a este fenómeno. No en vano, han crecido en un mundo de pantallas, notificaciones y multitarea. La orientadora reconoce que en los últimos años han detectado un aumento de la demanda de apoyo por parte de los estudiantes. Entre las dificultades que suelen plantear “con más frecuencia” estarían los problemas relacionados con la concentración y el rendimiento académico. Su percepción la comparte Cordelia Estévez, profesora del departamento de Psicología de la Salud en la Universidad Miguel Hernández de Alicante, que apunta que los universitarios son, precisamente, uno de los colectivos donde más se está observando este fenómeno. “A las exigencias académicas se suman el uso intensivo de dispositivos digitales, la presión por el rendimiento, el estrés, la ansiedad y, en muchos casos, la falta de sueño. De hecho, con frecuencia la dificultad de atención es la consecuencia de estos otros factores”, añade Estévez, a su vez directora clínica del Centro Cares. El impacto de esta dificultad para atender y concentrarse no es baladí; como recuerda esta experta, cuando la atención se interrumpe continuamente disminuye la comprensión profunda, empeora la memoria y aumenta el tiempo necesario para aprender. “Muchos estudiantes dedican muchas horas al estudio, pero con una eficacia muy inferior a la esperada”, afirma Estévez. Como consecuencia, ahonda Cristina Peralta, esto provoca que, en una especie de círculo vicioso, “disminuyan la motivación y la confianza que tiene el estudiante en sus propias capacidades, lo que provoca que afrontar las tareas académicas sea cada vez más difícil”.Cuesta sostener el esfuerzoSegún Cordelia Estévez, no es tanto que los seres humanos hayamos perdido la capacidad de concentración como que vivimos en un entorno que compite constantemente por nuestra atención. “El cerebro se adapta a esa dinámica y luego le cuesta más sostener el esfuerzo que exige aprendizaje profundo”, relata. Sin embargo, esa neuroplasticidad del cerebro, esa capacidad para aprender y adaptarse, también se puede usar a nuestro favor, sostiene la especialista: “La atención es una función cognitiva entrenable”. En ese sentido, las expertas consultadas destacan la importancia de eliminar las notificaciones móviles durante el estudio, trabajar por bloques con descansos —aplicando, por ejemplo, técnicas como la Pomodoro, que alterna periodos de estudio ininterrumpido con pausas cortas— y evitar otro de los grandes males de nuestra época: la actividad multitarea. A estos básicos, Peralta, de la CEU San Pablo, suma la importancia de “realizar una buena planificación del tiempo, establecer objetivos realistas y respetar los momentos de desconexión”. A lo que Estévez, del Centro Cares, suma la necesidad de priorizar un buen descanso y la práctica de ejercicio físico, dos aspectos a veces olvidados y ninguneados, pero que según la evidencia científica tienen un impacto directo sobre la capacidad de atención y concentración. Beatriz Malik, presidenta de la Asociación Española de Orientación y Psicopedagogía (AEOP), destaca también la importancia que tiene sobre la concentración la motivación por aquello que se está estudiando. “Cuando son contenidos o asignaturas que no nos gustan, ayuda pensar en un objetivo a medio y largo plazo: aprobar el examen, obtener el título que necesito o ejercer la profesión que me gusta”, sugiere. No obstante, la también profesora de Educación en la UNED reconoce que es “más eficaz” ponerse metas a muy corto plazo y que además produzcan efectos más duraderos, como por ejemplo entender lo que estamos estudiando de forma significativa o saber transferirlo o aplicarlo a situaciones concretas. ¿Cómo puedo aplicar esto al siguiente apartado o capítulo? ¿Cómo lo puedo utilizar en mi vida diaria? ¿Cómo lo aplicaría si estoy desempeñando un trabajo específico?“Y si algo sale mal, es fundamental aprender también de esos posibles errores que hemos cometido y no frustrarnos. Las estrategias de autorregulación del aprendizaje son muy valiosas”, apunta Malik. En cualquier caso, concluye Cristina Peralta, si la incapacidad de mantener la atención se mantiene en el tiempo, no hay que normalizarla bajo ningún concepto: “Es importante pedir ayuda cuando los alumnos sientan que la dificultad para concentrarse les está afectando a su aprendizaje o a su bienestar personal”, recomienda. La Universidad también debe adaptarseEstá claro que los estudiantes deben poner de su parte para reconquistar su capacidad de atención, pero según las expertas consultadas, la Universidad también debe adaptarse a esta nueva realidad. “De hecho, ya lo está haciendo a través de diversas metodologías”, explica Beatriz Malik, profesora de la UNED, quien cita como ejemplo la reducción del número de clases magistrales y la aplicación de otras formas de enseñanza más activas, como los proyectos, el trabajo colaborativo, el role-play, la gamificación o el uso de vídeos cortos. “De todas formas, no debemos renunciar a la lectura de artículos, manuales y otros materiales escritos, porque la comprensión lectora es una competencia necesaria. Ya sean en formato impreso o electrónico, estos materiales ponen en juego otras funciones cognitivas que no se activan a través del visionado de un vídeo”, puntualiza la también presidenta de la AEOP.