Una de las grandes bazas políticas de Donald Trump es la llamada “frontalidad”: la estrategia desarmante de decir explícitamente lo que ningún otro político se hubiera atrevido ni a sugerir, por miedo a causar dimisiones en su equipo de comunicación y a que su popularidad se devalúe tan rápido como la criptomoneda de Hunter Biden. El último caso de frontalidad de Donald Trump es la promesa de pagar 5.000 dólares a cada adulto estadounidense si el Partido Republicano conserva la mayoría parlamentaria en las elecciones de medio mandato, el 3 de noviembre.

"Si los republicanos ganan, vosotros ganáis con nosotros y recibís 5.000 dólares", dijo Trump a la multitud en la convención republicana de mitad de mandato, en Dallas. "Se llamará el dividendo Trump", añadió, argumentando que su gobierno genera tanta prosperidad que lo justo es compartirla. Como si el precio de la gasolina no hubiera subido un 40% desde que ordenó atacar Irán; como si la deuda nacional no estuviera a punto de batir el récord de la Segunda Guerra Mundial.

Si sumamos todas las “paguitas” que Trump ha prometido al electorado en el último año y medio, como los 5.000 dólares del supuesto ahorro de los recortes burocráticos o los 2.000 que vendrían de los aranceles y que tampoco se han materializado, hablamos de una suma total de 13.000 dólares por habitante: unos 3,5 billones (trillions) de dólares. Algo más que el PIB de Francia.