Hay dulces que conforman la identidad y la memoria gastronómica de un lugar. Bocados sin la fama de otros productos tradicionales, pero que merecen ganarse un hueco en cualquier recetario. Pastas, polvorones, rosquillas y otras elaboraciones hechas con ingredientes tan simples como la harina, el azúcar o la almendra forman parte de la tradición repostera de un sinfín de rincones de nuestra geografía. Cada territorio ha terminado desarrollando sus propias versiones, con distintas formas, texturas y proporciones, muchas de ellas conectadas además a celebraciones y momentos especiales.
Entre estas recetas de dulces tradicionales se encuentran también los típicos alciturrianos, una especialidad con firma en Santander y una historia ligada a una saga de pasteleros. “Mis padres se instalaron en una confitería en la zona de Puerto Chico, en la calle Peña Herbosa, una de las zonas más céntricas y conocidas de la ciudad”, relata Víctor Alciturri. Allí su padre comenzó en 1950 a elaborar pastelería tradicional: “Preparaban de todo, pasteles, tartas, brazos de gitano y otros dulces de la época, todo muy rico y de muy buena calidad; y probando distintas fórmulas surgieron los alciturrianos”. Una pasta que acabaría convirtiéndose en una pequeña tradición de la ciudad.







