Actualizado a las 08:08h.

El sol aún no ha logrado atravesar las persianas, pero en la palma de la mano ya es mediodía. Antes de que el cuerpo reclame su primera dosis de cafeína o que la mente registre el peso de los correos electrónicos sin leer, ocurre un ... pequeño milagro de silicio: alguien, en una latitud inexistente, nos estaba esperando. Hay algo ligeramente inquietante y profundamente placentero en despertarse por la mañana y comprobar primero si alguien, en una isla virtual, necesita que le entregues un paquete antes de pensar en tu propio día, o en regar flores digitales antes de abrir la ventana, o incluso en escuchar cómo una voz sintética te da los buenos días con más dulzura que cualquier notificación real.

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