�Quia! Como ha sucedido desde la escritura con cualquier novedad tecnol�gica, se achacan a las pantallas algunos problemas detectados en el aprendizajeEFEActualizado Mi�rcoles,
septiembre
23:01Audio generado con IADesde Plat�n a mi madre, han sido muchos los que han reflexionado cr�ticamente sobre la falta de atenci�n de los ni�os: ��Ahora tienen muchas distracciones!� Nunca les falt� raz�n. La historia de la infancia puede explicarse por la proliferaci�n de distracciones. Los ni�os se han distra�do con tabas, nueces, aros, peonzas, mu�ecas, canicas, pelotas, pedradas, guerras fingidas, nidos saqueados, escarabajos decapitados, gatos despellejados, libros, cromos, tebeos, cine, radio, televisi�n y videojuegos. Y tel�fonos m�viles. Las distracciones no han dejado de aumentar y de sofisticarse. Como la vida. El libro y el tel�fono comparten dos caracter�sticas que no tienen las otras distracciones: son port�tiles y distraen y ense�an. El tel�fono, y por extensi�n las pantallas, a lo grande. Exponencialmente. Desde hace un par de a�os, adem�s, se ha a�adido la inteligencia creada a la distracci�n y al conocimiento. Como ha sucedido desde la escritura con cualquier novedad tecnol�gica, se achacan a las pantallas algunos problemas detectados en el aprendizaje. Pueden tenerlos, desde luego. Solo hay que imaginar un aula donde los ni�os estuvieran leyendo tebeos en vez de atender a la resoluci�n del problema de existencia y regularidad de las ecuaciones de Navier-Stokes. Para evitar semejante escenario dist�pico es necesaria la disciplina, que incluye disuasi�n, sanciones y castigos. Es f�cil, es lo del f�tbol: no se puede tocar la pelota con la mano.Pero los carcamales, tan visibles e identificados a lo largo de la Historia, sugieren que se aplique un castigo indiscriminado -que se joda el gafitas que est� resolviendo Navier-Stokes- y rural: la prohibici�n de las pantallas en el aprendizaje. Algo equiparable a la prohibici�n del agua corriente, la electricidad o el motor de explosi�n, una enumeraci�n que ser� un t�pico dentro de medio siglo. No hay vida, ni la habr�, fuera de las pantallas. Es triste, s�: pero nadie vuelve despu�s de haber probado el fruto del �rbol prohibido. De modo que en vez de perder el tiempo, que sigue siendo corto a pesar del magn�fico aumento de su densidad, ser�a del m�ximo inter�s que los carcamales empezaran a pensar en las pistolas. Hay que ver las pistolas. Un caso que me caso. Su debe. Y su haber. Aun matando, sin met�fora, y tienen su haber. Tanta libertad obtenida a punta de pistola. Y tanta opresi�n. �Y que nadie proh�ba las pistolas! �Ni las de agua!Ni la deuda p�blica ni el cambio clim�tico. El reproche nuclear de los ni�os de hoy a sus mayores ser� c�mo pudisteis seguir las instrucciones de cl�rigos, solo preocupados porque no quedasen expuestos su pereza, su ignorancia y su fracaso.








