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Si hay algo que ha sobrevivido a los embates geopolíticos y a los designios de la globalización y que, al mismo tiempo, se ha convertido en un acelerador geopolítico, es el terrorismo. Debemos reconocerlo, este ha sido el siglo del terror. Hace 25 años, con los atentados del 11 de septiembre, se preparaba el terreno para una prodigiosa carrera del terrorismo.

La mañana de aquel martes 11 de septiembre de 2001, desde el salón de sexto B del Liceo de Cervantes El Retiro, recuerdo cómo el mundo se vino abajo. El mundo se había terrorizado. Los grupos y actores terroristas le dieron la bienvenida al siglo XXI mediante actos de una espectacularidad inédita, haciendo visible una capacidad que hasta entonces parecía reservada a los Estados: producir violencia a una escala capaz de poner en aprietos a grandes estructuras estatales y sociales y, sobre todo, hacer sentir insegura la seguridad. Estos 25 años han demostrado, quizá con más desaciertos que aciertos, que el siglo del terrorismo internacional también ha sido el escenario de uno de los mayores procesos de ajuste geopolítico de los últimos siglos.