Rogelio AlonsoActualizado Jueves,
septiembre
23:02�El terrorismo es teatro�. La c�lebre m�xima de Brian Jenkins en 1974 a�n sirve para analizar el impacto del 11-S, un atentado que, como describi� la Comisi�n de investigaci�n de los Estados Unidos, �cambi� el mundo�. El terrorista busca im�genes espectaculares para impresionar a una amplia y variada audiencia. Millones de espectadores contemplaron, con reacciones desde el miedo a la fascinaci�n, el drama desplegado ante sus ojos: las torres gemelas derrumb�ndose tras estrellar aviones comerciales contra ellas al tiempo que el Pent�gono era atacado, miles de asesinados mientras cientos de neoyorquinos hu�an aterrorizados envueltos en una t�trica niebla de polvo, seres humanos precipit�ndose al vac�o, la naci�n m�s poderosa del mundo en shock viviendo en directo al atentado m�s letal de la historia. El simbolismo de la audaz operaci�n dise�ada por Bin Laden carece de parang�n. Tambi�n sus consecuencias 25 a�os despu�s.La magnitud del 11-S inspir� a una generaci�n de terroristas islamistas deseosos de emular a quienes en la propaganda yihadista se ensalz� como �j�venes valerosos que lograron cambiar la Historia�. Sin el alcance letal del 11-S, los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid y de julio de 2007 en Londres, compart�an rasgos que convirtieron estas masacres en modelos para otros terroristas: violencia indiscriminada con una elevada letalidad en atentados simult�neos contra redes de comunicaci�n. Afortunadamente, con frecuencia la respuesta antiterrorista contuvo las innovaciones con las que se intent� seguir la estela del 11-S. En diciembre de 2001 Richard Reid fue arrestado antes de detonar en un vuelo desde Par�s el explosivo pl�stico que escond�a en su calzado. Dos a�os despu�s, la polic�a brit�nica detuvo a Sajid Badat impidiendo otro atentado suicida en un vuelo transatl�ntico con explosivos escondidos tambi�n en sus zapatos. En 2006 Reino Unido abort� otra trama de atentados suicidas simult�neos en vuelos transatl�nticos desde Heathrow usando explosivos l�quidos.La irrupci�n en escena del Estado Isl�mico en 2014 sum� un venenoso componente definido por los acad�micos Stern y Berger como �ultraviolencia�. En esa l�gica teatral y comunicativa inherente al terrorismo, el terrorista busc� multiplicar su impacto con un salvajismo a�n mayor como el de las decapitaciones que con profusi�n difundieron en v�deos de un enorme barbarismo. Como se�al� el investigador Charlie Winter, el EI �revolucion� la propaganda terrorista� con producciones en las que complementaron sus acciones reales con otras virtuales orientadas a propagar su ideolog�a, legitimar su abominable violencia e intimidar mediante un terror sin l�mites. Los atentados de Par�s en noviembre de 2015 con m�s de un centenar de asesinados por terroristas que actuaron en diferentes ubicaciones fueron otro logro en esa carrera por elevar el horror a nuevas cotas. Hamas recogi� las lecciones de la experiencia terrorista desde el 11-S y el 7 de octubre de 2023, con ataques simult�neos combinando distintas t�cticas, llev� esa �ultraviolencia� a niveles hasta ahora desconocidos al perpetrar miles de asesinatos, torturas, mutilaciones, violaciones y el secuestro de seres humanos retenidos en condiciones inhumanas. �Una desintegraci�n total de la civilizaci�n�, afirm� la premio Nobel Herta M�ller al referirse a una matanza que sent� un peligroso precedente. La evoluci�n del fen�meno terrorista desde el 11-S revela una intensificaci�n del deseo de horrorizar difundiendo adem�s el terror a trav�s de las redes sociales. Como si de un publicista se tratara, el terrorista intenta innovar para profundizar en la degradaci�n y deshumanizaci�n de sus v�ctimas exponiendo cruelmente su sufrimiento en los mismos instantes en los que lo est� provocando. La ideolog�a radical islamista que inspir� el horror del 11-S y otros posteriores contin�a alentando a fan�ticos por todo el mundo, su adoctrinamiento y movilizaci�n. Por ello, el �xito t�ctico del 11-S a�n constituye un referente para terroristas �vidos de lograr sorpresas operativas que mantengan viva la antorcha del terror yihadista.Un iluminador informe del prestigioso Soufan Center resume tendencias del fen�meno terrorista en este aniversario: grupos como Al Qaeda y Estado Isl�mico resisten con una inquietante presencia en �frica reforzada por su cooperaci�n con grupos afiliados en la regi�n; para las democracias liberales la amenaza no emana exclusivamente de estas organizaciones con una capacidad m�s limitada para actuar en su territorio, sino de individuos sin vinculaci�n a ellas pero inspirados en su ideolog�a y su ejemplo de lo que consideran un glorioso pasado; en un mundo diferente al de aquel 11-S, definido por las amenazas de Rusia y China, se ha ido desmantelando la arquitectura contraterrorista al priorizarse otras amenazas y riesgos a la seguridad que atraen recursos limitados; la disminuci�n de la percepci�n de amenaza puede ser aprovechada por los terroristas para sorprender a democracias vulnerables. La Comisi�n de investigaci�n del 11-S concluy� que el error m�s importante fue precisamente �de imaginaci�n� frente a un enemigo que advirti� de sus destructivas intenciones. Conviene recordarlo para que, como sostiene el acad�mico Aaron Zelin, sin alarmismo y con responsabilidad, en este aniversario no se imponga la amnesia.El 11-S fue, somo se�al� el profesor Gilles Kepel, �un suceso s�smico de consecuencias incalculables�. Es imposible cuantificar el legado de tan devastadores ataques en una naci�n emocional y pol�ticamente traumatizada, moldeada por aquel acontecimiento y los que le sucedieron. Sus efectos no se limitaron al pa�s v�ctima directa de aquella atrocidad. La generaci�n testigo del 11-S, como aquella que no lo vivi� pero hered� sus violentas sacudidas, qued� marcada por todo ello. En la memoria perviven im�genes y sonidos convertidos en s�mbolos del terror, del hero�smo de sus v�ctimas, de los aciertos, pero tambi�n de los errores en la respuesta a un mega atentado sin precedentes que enfrent� complejos dilemas incurriendo en ocasiones en una contraproducente politizaci�n de la inteligencia, as� como en ilegalidades.El miedo inunda el rostro de Marcy Borders, cubierta por completo del polvo fantasmal que ciega Nueva York tras estrellarse los aviones contra las torres. Acaba de escapar de una de ellas cuando el fot�grafo congela ese instante. �Han acuchillado a varios pasajeros y nos est�n secuestrando�, informa a la torre de control Betty Ong, azafata del vuelo 11 de American Airlines, aportando con admirable serenidad informaci�n decisiva a quienes se enfrentan al caos. ��Est�is preparados? �Vamos!�, arenga Todd Beamer a pasajeros del vuelo 93 enfrent�ndose a los terroristas para frustrar su plan y estrellar el avi�n en un campo de Pensilvania. En enero de 2002 Shane McCoy fotograf�a a los primeros presos de Guant�namo en condiciones cuya legalidad el propio Tribunal Supremo de los Estados Unidos cuestionar�. En 2008 las fotograf�as tomadas por la soldado Sabrina Harman muestran las aberrantes torturas del ej�rcito estadounidense a prisioneros retenidos en la presi�n iraqu� de Abu Ghraib. El 29 de agosto de 2021 la bandera de los EE. UU. envuelve el f�retro del sargento Ryan Knauss, 23 a�os, el �ltimo soldado ca�do en Afganist�n tras la retirada de las tropas internacionales. Es el �ltimo de miles de militares, que junto a millares de civiles murieron en Afganist�n e Irak durante las intervenciones con las que EE. UU. y sus aliados respondieron al 11-S.El 8 de octubre de 2023 un grupo de personas celebra en Nueva York la matanza que Hamas acaba de cometer en Israel mientras se mofan de sus v�ctimas. Una mujer cubierta con un hiyab hace la se�al de la victoria con los dedos de su mano derecha esbozando una sonrisa. Hoy, 25 a�os despu�s del indescriptible horror que supuso el 11- S, hay quienes contin�an justific�ndolo e invoc�ndolo como un hito del terrorismo islamista, en guerra permanente contra los valores democr�ticos. El odio y el fanatismo que lo hicieron posible perduran y han sido transmitidos a otra generaci�n.Rogelio Alonso es catedr�tico de Ciencia Pol�tica en la Universidad Rey Juan Carlos










