Igual que los chamanes entonan rítmicamente el cántico que convoca a la lluvia, los portavoces de la oposición en la Asamblea de Madrid invocan más de 30 veces la palabra “ático”, llamando a la tormenta perfecta, al huracán, que haga caer a Isabel Díaz Ayuso. Pasa en la segunda jornada del debate del estado de la región. Cada mención, esperan, desgasta a la presidenta regional, a la que persigue la polémica porque su gobierno haya comprado un ático de más de seis millones de euros justo frente a la casa en la que ella vivía de niña. Con una excepción. Vox. Los ultras llevan desde julio midiendo sus intervenciones en la polémica. Este viernes, su portavoz, Isabel Pérez Moñino, solo pronuncia una vez la palabra mágica: “Ático”. Se trata, dice un político con galones en Vox, de evitar el efecto “mimimimimi”.¿Y qué es el efecto “mimimimimi”? Una onomatopeya con la que este estratega de la extrema derecha resume la capacidad que le atribuye a Ayuso de reconvertir cualquier polémica en un ataque contra su persona.“Ayuso es una experta en el victimismo”, expone este interlocutor que cuenta con la confianza del presidente del partido, Santiago Abascal. “Darle ese pie, como ha hecho la izquierda [al hablar del ático insistentemente en el debate], es un error”, añade.La primera vez que Díaz Ayuso se presentó a la investidura como presidenta, allá por 2019, dejó una escena de la que tomaron buena nota decenas de consultores. -Me he quedado con miedo de que vaya a ser presidenta una persona que no tiene la capacidad de aguantar un debate de 15 minutos, la espetó Iñigo Errejón, entonces portavoz de Más Madrid. Me arriesgo a aventurar que alguno de sus compañeros le dirán luego que el papel que usted ha hecho lo hace el portavoz, que usted lo que tiene que defender es su proyecto. Es de primero de parlamentarismo. -Si yo fuera una mujer de izquierdas, usted los ataques machistas que me ha lanzado, se los hubiera tenido que tragar, le contestó Ayuso. Usted, como tiene ese halo intelectualoide tan estupendo, me tiene que hablar despacito para que, claro, la pobre mujer de centro-derecha, o de derecha, o de extrema-derecha, donde quiera que me ponga, le entienda...(...) Diciéndome cómo tengo que hablar, cómo me tengo que expresar (...) Usted no me va a dirigir los debates, ni a poner los deberes, ni a decirme cómo tengo que hablar. Desde entonces, la presidenta ha demostrado su capacidad para ir al cuerpo a cuerpo en cualquier polémica, personificándolas todas, con el resultado de diluir muchas de ellas en un ataque personal, según valoran en los partidos de izquierdas. Ella misma hace un repaso somero este viernes. Revelar que una empresa participada por su padre dejó sin pagar en su totalidad un aval se convirtió en un agravio a un hombre ya fallecido que no podía defenderse (“Han intentado hundir a mi familia y a mi”, ha dicho este viernes). Criticar que su hermano hubiera cobrado una comisión de una empresa que contrataba con la Comunidad fue una persecución a un profesional de larga trayectoria en el sector (“Mi hermano llevaba 26 años trabajando en el mismo sector”). E investigar un presunto caso de fraude fiscal protagonizado por su pareja, una operación de Estado contra un ciudadano señalado por ser su novio (“Mientras esté legal, soy libre de subirme en ese coche o de meterme en esa cama”, llegó a decir). Son situaciones repetidas de las que Vox ha tomado nota, y que pondera mientras intenta acertar con la fórmula que le permita ser decisivo en los comicios de 2027. La mezcla es delicada. PP y Vox compiten por seducir a una bolsa común de votantes. Por ello, Vox busca el equilibrio entre criticar al PP, y proponer un modelo alternativo, y que el PP no pueda acusar a Vox de operar coordinadamente con la izquierda para tumbar al ejecutivo. Algo difícil de lograr en jornadas como la de este viernes si los portavoces de la extrema derecha replican los argumentos de PSOE y Más Madrid sobre el ático. Otra cosa es lo que ocurra mañana: “Queremos las explicaciones que todavía no han dado sobre el ático, queremos la documentación y queremos transparencia”.
A Vox no le renta (por ahora) la polémica del ático de Ayuso
La izquierda menciona más de 30 veces el inmueble, por una sola del partido ultra, que considera que insistir en la polémica en este momento solo permite a la presidenta “victimizarse”













