“Cuando te vas haciendo mayor, es más complicado poder quedar. Unos tienen hijos, otros organizan un viaje con su pareja o con otro grupo de amigos. Si no es por una razón, es por otra”, dice Benja Serra, de 38 años. Este verano, coordinar un encuentro con sus amistades de toda la vida no fue una tarea sencilla. Él es de Valencia pero vive en Madrid, mientras que el resto del grupo está repartido por otras partes de España.“Cada vez me es más difícil quedar con mis amigas. Antes nos veíamos al menos una vez por semana para comer. Fuimos teniendo hijos, cambiando de trabajo. Algunas incluso cambiaron de ciudad y cada vez es más complicado elegir un día”, dice Elena López, de 42 años. A los veinte, vivía con sus padres y solo tenía que preocuparse por su trabajo y sus amigas. Ahora, con 42, el poco tiempo libre que le queda tras trabajar, estudiar y ocuparse de la casa, lo dedica a su hijo de nueve años.Lo primero que se sacrifica en la adultez es la vida social, por considerarla algo opcional (...) Acaba siendo un errorCristina“Las obligaciones, el querer agendarlo todo y no dar margen a la espontaneidad... Me limita y me autolimito también, y me acabo quedando sin planes”, dice Cristina, en sus treintas.¿Es cada vez más difícil poder quedar con amigos? “Habitualmente, sí”, confirma la psicóloga Sheila Estévez, para quien “sostener las amistades es uno de los retos de la adultez”. Cada etapa vital tiene sus prioridades, señala, “y lo primero que se suele sacrificar en la adultez es la vida social, al considerarla algo opcional, aunque acabe siendo un error, ya que se pierde también el apoyo y la complicidad en momentos seguramente importantes de conservar”.Lee tambiénLas responsabilidades juegan un papel crucial. El paso del tiempo, además, hace que la personalidad, los intereses y los contextos cambien, y que ya no encajemos de la misma manera con algunas amistades de antes. A su vez, aparecen nuevos vínculos ligados al trabajo, a los hobbies o a los cambios de ciudad.La psicóloga Rocío Touza Sánchez explica cómo la forma en que construimos y sostenemos los vínculos de amistad cambia a lo largo de la vida. En la infancia, los vínculos surgen en espacios que garantizan una interacción cara a cara continua, como el colegio, el barrio, un deporte o una actividad, que permite compartir tiempo y conocer a otras personas. En la adolescencia y la juventud, las amistades se convierten en un sistema fundamental y en vínculos que elegimos más allá de la familia o de otros espacios que nos vienen dados.La vida adulta tiende a reorganizarse otra vez en torno a la vida familiar que uno mismo va formando, y la llegada de los hijos puede aparecer como un desafío. Mientras que antes nos organizábamos en modelos más comunitarios, hoy la crianza se vive desde una lógica mucho más individualizada, en la que “cada uno se tiene que hacer cargo de sus hijos” y además son modelos de crianza en los que “todo tiene que estar más controlado y organizado”, una exigencia que resulta también “súper desgastante” para las amistades, explica Touza Sánchez.“Cuando eres joven, prácticamente tu vida es estudiar o trabajar, hacer algo de deporte y salir con amigos. Tienes mucha más libertad”, opina por su parte Yolanda Herrero, de 52 años, y apunta: “Cuando tienes pareja e hijos, la cosa cambia. Ya no eres tú sola, tienes que organizarte pensando también en tu familia y además tienes que cuadrarlo con la vida de las demás personas”. Además, indica, “a veces no es que no quieras quedar, sino que después de llevar un ritmo de vida tan intenso piensas: ‘¿De verdad tengo que arreglarme y salir de casa, con lo bien que se está aquí en el sofá viendo una peli?’”.Más obligaciones y menos espacios para el disfrute compartidoYolanda Herrero, con su grupo de amigascedidas“La verdad es que tengo muchísima vida social. Pero sí es cierto que, cuanto más mayores nos hacemos, más obligaciones tenemos y más complicado resulta encontrar un momento que nos venga bien a todos”, dice por su parte Yolanda Herrero, que aclara: “Mi marido y yo somos muy sociables, por eso no sentimos que nos cueste hacer espacio para disfrutar del tiempo libre con otras personas. Siempre tenemos algún plan”.“Siempre sacamos algún momento para quedar con amigos, vas buscando huecos, pero es un poco de prisa y corriendo”, reconoce Benja Serra. La edad trae consigo nuevas obligaciones que dejan pocos espacios para el ocio compartido: “Ser padres, tener otras preocupaciones, estar pagando una hipoteca o tener que cuidar de tus padres porque son mayores”.“La sociedad que vivimos actualmente, en la que vamos a mil por hora, cada vez complica más quedar con tu círculo”, dice Mónica (29). Si antes quedar con su mejor amiga era algo tan simple como “quedamos este día a tal hora”, ahora se ha convertido en “capturas de cuadrantes de trabajo y tetris para poder coincidir. Y cuando sumas a más personas, es el doble”.Con dos trabajos y pocos fines de semana libres, ella siente que tiene que “estar constantemente pegada al calendario para encontrar huecos”, sobre todo en épocas como el verano o la Navidad, cuando se multiplican los planes familiares y los eventos.Además de la llegada de hijos, hay otras etapas de la vida adulta en las que quedar con amigos se puede complicar especialmente, como los momentos de mucha carga laboral, dice la psicóloga Rocío Touza Sánchez, y lo relaciona con una “lógica de la hiperproductividad” que atraviesa a la vida actual y que dificulta dar prioridad al ocio, al descanso y al disfrute.En su consulta observa una “desconexión con el placer”, que hace que nos resulte mucho más fácil conectar con el deber que con el placer, y que tendamos a buscar una utilidad incluso en aquello que hacemos durante nuestro tiempo libre. Atravesados por esa lógica, puede ser difícil encontrar momentos para dedicar a las amistades, donde “Me junto a nada. A conversar. A compartir un paseo”. Un tiempo que no tiene que ser productivo y que, justamente por eso, puede ser más real y placentero, asegura.Sin batería para socializarPara Anya Le Coq, de 45 años, el problema no es solo de falta de tiempo. “Cada vez tenemos menos batería social. Estamos cada vez más agotados mental y físicamente. Con la edad probablemente eso se nota más”, dice. Cuando no se puede ofrecer la atención, la comprensión y los consejos que suelen esperarse de un encuentro con amistades, aparece la frustración -indica-, y “a veces, por no pasar por esa frustración, nos inventamos una excusa y nos quedamos en casa”.A ella le pesan, además, ciertas reglas sociales no escritas, como “beber, aguantar hasta la madrugada, ser guapas y guapos, gastar dinero... eso, con el paso de los años, se me hace cada vez más vacío y me aporta cada vez menos”. Con la edad, asegura, “valoramos más la calidad que la cantidad. Preferimos salir menos y bien, y disfrutar de verdad, que salir todos los días para cumplir, sin realmente sentirnos a gusto”. Sin embargo, aclara: “Quiero a mis amigos y quiero estar con ellos. Me aportan mucho como personas, pero a menudo son el escenario o el contexto lo que me genera rechazo”.¿Es imposible quedar en verano?“En verano, que mi hijo tiene vacaciones, me es más difícil porque supone que tengo que dejarlo con alguien para poder ver a mis amigas”, cuenta Elena Losanz. “Es una época en la que hay más alternativas y encontrar el momento perfecto es complicado. Unos se van a la playa, otros al pueblo, otros hacen viajes... Hay que combinar muchas cosas”, dice Benja Serra y apunta: “Muchas veces, sobre todo en verano, tendemos a buscar planes mucho más llamativos, como ir a un festival o de viaje. Si no se puede, podemos intentar hacer algo mucho más sencillo, a lo que se pueda acoplar la mayoría. También podemos ir quedando por partes. En grupo es más complicado”.“En verano suele ser algo más complicado porque la mayoría nos vamos de vacaciones y es más difícil coincidir. Cada uno tiene sus fechas, sus viajes y sus planes”, coincide Yolanda Herrero e indica: “En nuestro caso, intentamos organizarnos y vamos quedando con diferentes personas o grupos de amigos en función de nuestros calendarios de vacaciones. Quizás no conseguimos reunirnos todos a la vez, pero siempre encontramos algún momento para vernos”.La importancia del cara a caraEntre los apuros del día a día y la falta de tiempo libre, lo digital puede generar la ilusión de que “estamos al día” con nuestras amistades. “Parece que dices: ‘Como ya he preguntado cómo estás, me has contado y hemos hablado un rato, ya está’. Aunque sea por WhatsApp o echando un vistazo al perfil de Instagram”, describe Benja Serra.Él se resiste a perder el cara a cara: “Intento vernos, aunque no pueda quedar todas las veces que quiera. No hace falta hacer nada complicado: salir a cenar y ponernos al día en persona, vernos las caras, tocarnos, sentirnos. Las risas en persona me dan la vida. No es lo mismo escuchar una risa en una nota de voz de WhatsApp”.Las redes sociales pueden hacernos sentir que estamos muy conectados con lo que les sucede a los demás, pero “no es una interacción real o primordial”, explica la psicóloga Rocío Touza Sánchez y advierte que la tecnología incluso ha ido eliminando pequeñas instancias de socialización que antes formaban parte de nuestra cotidianidad, como preguntar la hora o pedir indicaciones. “Eso ya no existe más. Hoy, si alguien se acerca a preguntarnos algo por la calle, puede generar más desconfianza que otra cosa. Mientras que antes todo estaba mediatizado por una interacción social ahora muchas de esas interacciones han desaparecido y cada vez se genera más y más aislamiento”.Hay un exceso de estímulos por cómo está formulado nuestro presente sobre todo a nivel pantallas, lo que nos abruma y agota nuestra batería socialSheila EstévezPsicóloga“Esa tendencia cada vez más frecuente de estar tan conectados en redes sociales, chats, IA, etcétera, hace que poco a poco nos aislemos en un mundo más virtual y menos real”, coincide Anya, y añade: “Después de filtrar tanta información y tantas emociones virtuales, ya casi no tenemos energía para las reales”.“Es una pena que nos acostumbremos a enterarnos de muchas cosas que les pasan a nuestros amigos o seres queridos a través de una pantalla”, lamenta Mónica y apunta: “Una quedada en persona es imprescindible para escapar de la rutina o la soledad que cada uno arrastra. Y aunque ya no puedas quedar tanto como años atrás, que en la medida de lo posible sean tiempo de calidad, planes que te recarguen o una charla sincera de las que antes tenías hasta las tantas de la madrugada”.“Actualmente en cualquier etapa de la vida tenemos un exceso de estímulos por cómo está formulado nuestro presente sobre todo a nivel pantallas, cosa que nos abruma y agota nuestra batería social”, confirma la psicóloga Sheila Estévez. Para ella, “es importante preservar una parcela para las amistades” y “cuidar del tú a tu”, ya que de lo contrario la complicidad corre el riesgo de irse perdiendo. La amistad -asegura- es una de nuestras esferas vitales más valiosas y, por tanto, deberíamos cuidarla. “Programar encuentros o citas con amigos implica darles un lugar en nuestra vida, y sea mensual o semanalmente”, explica.Que resulte complicado construir o mantener amistades en la adultez no significa que sea algo que no se quiera hacer, explica la psicóloga Rocío Touza Sánchez. “Hay dificultad, pero a la vez hay mucho deseo de que eso suceda”, afirma. De hecho, el peso que se le da a los vínculos de amistad es algo que aparece constantemente en su consulta. “Hay algo que es importantísimo en esos vínculos. No da lo mismo perderlos”, asegura y aclara que eso es especialmente evidente en las personas migrantes, para las que las amistades pasan a ocupar un lugar casi de familia y de sostén imprescindible.“Deberíamos plantearnos reservar parte del poco tiempo libre que tengamos, por poco que sea, para estar con nuestros amigos y amigas”, dice Elena. Para ella, “es súper importante mantener esa relación de amistad. Mis amigas me hacen muy bien, me desconectan”. Durante un tiempo, con su grupo implementaron una estrategia que consistía en ir pasándose un señuelo una vez al mes. La que lo tenía en sus manos, era la encargada de poner fecha y decir dónde se verían. “De esa manera, no quedaba en un “ya veremos”.“Llevamos un ritmo de vida bastante frenético y hay días en los que lo único que quieres es llegar a casa, ponerte cómoda y descansar”, dice Yolanda Herrero y añade: “Soy de las que propone planes con amigos porque me gusta mantener las relaciones y cuidar las amistades. A lo largo de la vida, vas perdiendo el contacto con muchas personas simplemente porque las circunstancias, el trabajo, la familia y el ritmo de vida te van llevando por caminos diferentes. Intento que eso no ocurra con las personas que realmente me importan. A las amistades, igual que cualquier relación, hay que cuidarlas”.
“Ya quedaremos”: la frase con la que los adultos vamos dejando morir nuestras amistades
El exceso de obligaciones, el agotamiento y la lógica de la hiperproductividad han convertido quedar con amigos en una gestión de agendas cada vez más complicada para las personas jóvenes y de mediana edad






