Ningún día sin noticias de la Inteligencia Artificial (IA). La IA nos va a matar a todos, dice un ex ingeniero de Anthropic. La IA resuelve uno de los “problemas del milenio”, anuncia OpenAI. Un fármaco desarrollado por IA consigue resultados milagrosos. Una IA se escapa de un entorno cerrado en una prueba y ataca sistemas. Una administración autonómica aplica la IA en sus trámites. Israel invierte en manipular la IA a su favor. La IA ayuda a los equipos de rescate en Nepal. El último vídeo de IA de Trump. Agricultores que mejoran sus cosechas con IA. Profesores que advierten del uso dañino de la IA. Sospechas sobre libros creados con IA. Gobiernos y parlamentos que quieren regular la IA. Advertencias de la ONU sobre la IA. Previsiones de cuántos empleos destruirá la IA. El último vaticinio apocalíptico sobre la IA. Manifiestos que piden pausar la IA. Gente que usa la IA como amigo, confidente, terapeuta, entrenador, profesor. Mil pequeñas noticias que incluyen mención a la IA. Innumerables artículos sobre la IA, como este.
No hay día que abras un periódico o veas un telediario sin encontrarte una noticia sobre la IA. Lo mismo noticias esperanzadoras que apocalípticas, lo mismo un éxito médico que un hackeo masivo, la última versión más potente, el enésimo pronóstico catastrofista, la anécdota del día. Qué fatiguita de IA, como cuando hace unos años todo era “cuántico”, o aquel tiempo lejano en que a cualquier memez le colocábamos el prefijo “ciber”. Pareciera que alguien quiere que hablemos a todas horas de la IA, para bien o para mal, que todo sea IA, IA, IA.













