La Democracia Liberal est� menos preparada para encajar los golpes y lo est� menos a�n para superarlos. Nos sentimos m�s amenazados que en 2001 porque estamos menos unidos y repetimos errores que no hemos olvidado y de los cuales no hemos sabido aprender.Hoy hace veinticinco a�os a primeras horas de la ma�ana hora local en Nueva York dos aviones comerciales, secuestrados y pilotados por yihadistas, se estrellaron contra las Torres Gemelas en el bajo Manhattan de la ciudad, un tercero se estamp� contra el Pent�gono y un cuarto cay� a tierra en la Pensilvania rural cuando los pasajeros se amotinaron contra los miembros de al-Qaeda que viajaban con ellos. El aniversario de unos hechos que se cobraron casi tres mil v�ctimas mortales merece varias reflexiones.La primera que salta a la vista es que ni se ha aprendido nada ni se ha olvidado nada. La Democracia Liberal est� menos preparada para encajar los golpes de sus enemigos y lo est� menos a�n para superarlos. Es de largo la reflexi�n principal.�Qu� estamos con el mundo en llamas donde est�bamos hace cuarto de siglo? Pues s�. "Lo que pas� es un pr�logo" dice uno de los personajes en La Tempestad, una de las �ltimas obras de William Shakespeare. Lo que pasa es el desarrollo de una locura destructora que ya fue anunciada por el pre�mbulo. Se trata de un texto que se repite cada tanto tiempo. El cuarto de siglo entre un desastre y otro no es m�s que un soplo del tiempo.Estamos donde est�bamos, es lo que se dec�a la tropa que pegaba tiros, volaba puentes y bombardeaba a civiles cuando a atacaba Stalingrado y cuando se acercaba a Monte Cassino en 1943. En la ciudad estrat�gicamente cr�tica junto al r�o Volga y cuando se avanzaba lentamente de sur a norte por Italia, la humanidad se encontraba de vuelta y en el mismo lugar en donde hab�a estaba en el antes de ayer. Llegado 1943 se hab�an cumplido veinticinco a�os desde que el tratado de Versalles de 1918 que puso fin a la Gran Guerra del Catorce y presum�a de haber logrado poco menos que la paz perpetua. La paz de Versalles fue el pr�logo de una nueva guerra mundial.En v�speras del derrumbe de las torres en el World Trade Centre se viv�a con el optimismo del "Fin de la Historia". Rusia hab�a sido admitida al G-7 tres a�os antes (ser�a expulsada tras la anexi�n de Crimea en 2014). Con el cambio de siglo once pa�ses europeos hab�an lanzado una moneda com�n para transacciones electr�nicas. Y, tras arduas negociaciones, China estaba a punto de ser recibida en la Organizaci�n Mundial del Comercio.Esas mismas torres aniquiladas en lo que pasar�a a llamarse el Ground Zero de la ciudad de los rascacielos hab�an simbolizado la ilimitada confianza en los mercados internacionales y en la globalizaci�n.Hoy estamos otra vez rearm�ndonos al reconocer que viejos enemigos se han quitado la careta y han perfeccionado lo que hemos dado en llamar "guerras h�bridas". Y como es natural empu�amos distintos artilugios b�licos y ensayamos estrategias dispares para utilizarlos. Pero, a pesar de ello, nos sentimos tan inseguros como ya lo estuvimos en esa chata y deshonesta d�cada que fue las de los treinta en el siglo pasado. O m�s inseguros porque la angustia acompa�a la irrupci�n de una inteligencia que es artificial.El hecho es que nos sentimos m�s amenazados que en 2001 porque estamos menos unidos. No seguimos igual sino que seguimos peor. Repetimos errores que no hemos olvidado y de los cuales no hemos sabido aprender.Nueva era o fen�meno familiarPor lo tanto, �aquella pavorosa embestida de al-Qaeda inici� una era que se distancia de las anteriores o, pese a su espectacularidad, fue un fen�meno familiar que no pas� de ser otro asalto en el perenne duelo a garrotazos? Si es lo primero, si esta vez se est� ante retos que son de otro orden, es porque la sociedad abierta tiene hoy muchos m�s enemigos que los tuvo en aquel Nine/Eleven, el once de septiembre de 2001. Entonces odiaban a Estados Unidos los reg�menes de siempre: Rusia, China, Corea del Norte, los islamistas y, adem�s, los bolivarianos que eran nuevos en la plaza. Siempre han detestado la libertad, la pluralidad de opiniones, la responsabilidad individual, el estado de derecho, la independencia judicial y la divisi�n de poderes. Y a la propiedad privada. La propiedad solo puede estar en manos del tirano y de sus appar�tchiks.Hoy hay cada vez m�s gobiernos totalitarios, arbitrarios o, c�nicamente iliberales que son dirigidos por "hombres fuertes" que reniegan de esos principios y valores. Los sondeos y las encuestas valdr�n lo que valdr�n pero las m�s respetadas constatan que las Democracias Liberales se baten en retirada.En Europa ha fracasado el sistema bipartidista y de la alternancia en el poder que engastaban las conductas y el decoro liberal. Los parlamentos est�n fragmentados, las coaliciones gobernantes son fr�giles y los pueblos est�n polarizados por bloques enfrentados. Y, a la vez, se ha fracturado ese pacto transatl�ntico, ese entendimiento amistoso de la pos Segunda Guerra Mundial. Esto es sumamente grave. Se miran frente a frente con creciente recelo quienes antes miraban en la misma direcci�n.Llegado 2026 escasean gentes ilustradas que en 2001 admiraban esa ilusionante Democracia Liberal que hace doscientos cincuenta a�os elaboraron los padres fundadores de la nueva rep�blica de Estados Unidos. Hoy queda ya muy poco de aquel entusiasmo y el que m�s y el que menos se revuelve contra el poder del hegem�n en la otra orilla del oc�ano.Tras el Nine/Eleven el presidente George Bush invoc� el Art�culo Cinco de la OTAN y con el acuerdo de sus aliados declar� la Guerra al Terrorismo. Se bombardear�an los refugios de al-Qaeda en Afganist�n, m�s tarde se invadir�a el estado fallido, y se derrocar�a el r�gimen de Sadam Husein en Irak que financiaba la yihad y convirti� el pa�s en otro estado malogrado m�s.�A qui�n ataca hoy EEUU?Veinticinco a�os despu�s los aliados de Estados Unidos no tienen tan claro a qui�n y porqu� dispara el presidente Donald Trump, sea con misiles o con aranceles. Lo que s� saben es que el terrorismo yihadista no ha sido vencido, que Trump se entiende mejor con Vlad�mir Putin que con Volod�mir Zelenski y que Estados Unidos no cuenta con ellos.Si se recurre a los sondeos y a las encuestas se constata que el sentir es que quien m�s agrede la paz mundial no es Mosc�, ni Beijing ni cualquiera r�gimen sujeto al campo clientelar de ambos. Es Washington. Y en respuesta a esta animadversi�n y desconfianza que genera Estados Unidos, la Casa Blanca de Trump desprecia a quienes hace veinticinco a�os tanto admiraban a un gobierno que se dec�a ser "del pueblo, para el pueblo y para el pueblo".Los trumpianos demandan una obediencia ciega a su jefe y rega�an a sus aliados de la OTAN y a los socios que agrupa Bruselas. Lo m�s extravagante es que se quedan tan frescos diciendo que el Viejo Continente ha entrado en fase terminal y que se enfrenta al finiquito de su civilizaci�n.La mesi�nica doctrina trumpiana es que la decadente y viejuna Europa tiene un enemigo interno que le corroe. Est� infectada por el wokismo, la inmigraci�n, el buenismo de los d�biles, las pol�ticas p�blicas intrusivas, las ecol�gicas y las de g�nero. Putin lo tiene muy claro. Seg�n �l la Democracia Liberal es "obsoleta" y lo cree a pies juntillas. Si se escucha lo que se dice en el mundo de Trump a Europa solo la puede salvar una derecha "patri�tica" como la AfD, la Alternativa por Alemania, cuyo ascenso electoral hace sonar todas las alarmas no solo en la izquierda europea sino en la conservadora, la democristiana y la liberal. Lo que se cuece en el pa�s de los teutones es todo un aldabonazo. En Mosc� ya pueden replicar las campanas. El Kremlin se puede entender perfectamente con la AfD. Y se entender�, de eso no cabe duda, con Trump.Reconstruir las 110 plantas de cada una de las Torres no es dif�cil. S� lo es, y mucho, recuperar la confianza en la Democracia Liberal.