El 11 de septiembre de 2001, un martes por la ma�ana, desde su ventana en el bajo Manhattan, el historiador Tony Judt vio "comenzar el siglo XXI". Durante mucho tiempo esa fecha, imborrable enseguida en nuestro lenguaje, dividi� la historia del presente. Cuatro aviones convertidos en armas mataron a 3.000 personas y derribaron no s�lo dos torres, sino una monta�a de creencias y la sensaci�n de invulnerabilidad de la �nica superpotencia que hab�a quedado tras el fin de la Guerra Fr�a. La humanidad entera lo vio en directo, con estupefacci�n en medio planeta y fascinaci�n, si no alegr�a, en la otra, y con la certeza compartida de que algo se hab�a roto de manera irreversible y de que quiz�s ya nadie, en ning�n lugar, volver�a a sentirse completamente a salvo."En el siglo XX, la guerra se libraba contra civiles. En el siglo XXI, la guerra la librar�n civiles. Ser� la iniciativa definitiva basada en la fe, que no requerir� armas, tanques, barcos, aviones ni misiles. Al igual que otras iniciativas basadas en la fe, eludir� al Estado convencional. S�lo necesitar� capacidad de planificaci�n y la voluntad de morir por sus creencias. Todo lo dem�s -maquinaria, tecnolog�a, objetivos- lo proporcionar� la sociedad civil, su v�ctima. El objetivo de esta guerra no ser� alcanzar un objetivo concreto, y mucho menos lograr una victoria final. Ser� -de hecho, ya lo es- simplemente dejar clara su postura", escribi� a vuelapluma Judt.Parec�a inevitable. La era del terror, del miedo, de la incertidumbre. Estados Unidos respondi� con una transformaci�n dram�tica no s�lo de su pol�tica exterior, de su presencia militar, sino de su vida p�blica y de la cosmovisi�n de una sociedad en shock. Naci� un aparato abrumador, con el Departamento de Seguridad Nacional, la Patriot Act, la TSA para la aviaci�n, el ICE. Lanz� dos guerras prolongadas y devastadoras en Afganist�n e Irak mientras trataba de "democratizar" el mundo �rabe, normaliz� la vigilancia masiva y logr� incluso intelectualizar la defensa de la tortura, con agujeros legales en Guant�namo o Abu Ghraib. El nacionalismo, vestido de patriotismo, ocup� un lugar todav�a m�s central y el discurso pol�tico se endureci� en torno a la idea de una amenaza existencial y permanente. La solidaridad casi universal de los primeros d�as -banderas, duelo compartido, cantos bipartidistas- dio paso poco a poco a un pa�s m�s desconfiado, m�s polarizado y menos seguro de su propio papel en el mundo. La inocencia del americano tranquilo era historia.En ese momento pareci� evidente, indiscutible, que el siglo hab�a cambiado incluso de naturaleza: del Fin de la Historia y el optimismo de los a�os 90, con su promesa de libertades, progreso econ�mico sin l�mite y las bondades de la globalizaci�n, se pas� a una era marcada por el miedo al terrorismo y la cesi�n de derechos por la promesa de seguridad. Con rechazo al diferente, nihilismo, guerras sin frentes definidos y un control que se normaliz� a trav�s de c�maras, registros y arbitrariedad en la vida cotidiana. Todos pensaban, pens�bamos, que hab�a un antes y despu�s y que viv�amos el hecho m�s importante de nuestras vidas. Nuestro Pearl Harbor. Pero 25 a�os despu�s, la idea probablemente ya no se sostiene, no de la misma manera. Fue un D�a de la Infamia, pero no el d�a que lo cambi� absolutamente todo y abri� las puertas de un mundo nuevo.El 11-S cambi� sin duda Estados Unidos y el mundo y defini� como poco una d�cada de relaciones internacionales. En uno de sus ensayos m�s c�lebres, Joan Didion, contracorriente en un momento delicado, denunci� c�mo entonces la Administraci�n de George W. Bush impulsaba de forma deliberada un "nuevo unilateralismo", una Am�rica imperial, blindando su discurso con lo que ella llam� "ideas fijas" o "piedades nacionales", frases y marcos repetidos hasta la saciedad (la "claridad moral" del presidente, el "est�s con nosotros o con los terroristas") que serv�an para bloquear cualquier pregunta o duda inc�moda sobre la l�gica o las agendas pol�ticas neoconservadoras detr�s de la respuesta al atentado. Algo que, 15 a�os despu�s, Donald Trump perfeccion� con indiscutible talento: mantras que el pa�s ha aprendido a tolerar sin cuestionar, cada uno blindado con un arsenal de insultos, de eufemismos y afirmaciones falsas.Tras los atentados, la confianza en el Gobierno federal se dispar� hasta el 57%, el nivel m�s alto en d�cadas. Pero para 2005, tras la gesti�n del hurac�n Katrina, ya hab�a ca�do a la mitad, y desde entonces se ha mantenido baja. Hoy, menos de una cuarta parte de los estadounidenses conf�a en el Gobierno. Los estadounidenses siguen atrapados en lo que Gallup llama un "pozo de confianza", dado que la confianza media en las instituciones nacionales lleva cinco a�os consecutivos por debajo del 30%. La �ltima medici�n sit�a la confianza conjunta en 14 instituciones clave en apenas un 27%, con las fuerzas armadas como la m�s valorada (61%) y muy por delante del resto.La polarizaci�n pol�tica ha sustituido a la unidad nacional de aquellos d�as. En los �ltimos 25 a�os, el ic�nico momento de congresistas de ambos partidos cantando God Bless America en las escaleras del Capitolio se ha convertido en un s�mbolo de algo hoy inimaginable, tras lo ocurrido el 6 de enero de 2021 y la proliferaci�n de la violencia pol�tica. Una encuesta de NBC News con motivo del 250� aniversario del pa�s el pasado mes de julio mostraba que el "orgullo nacional" y la fe en el "sue�o americano" han disminuido, y que apenas un 33% dice sentirse extremadamente orgulloso de ser estadounidense, la cifra m�s baja precisamente desde 2001.Igualmente, en una encuesta reciente de Emerson College/Nexstar para este 25� aniversario de los atentados, un 45% de la poblaci�n pensaba que el pa�s es menos seguro que antes del 11-S, frente a s�lo un 31% que cree que es m�s seguro. Y un 42% considera que el poder e influencia estadounidenses han disminuido en la �ltima d�cada, algo probablemente acrecentado por la guerra en Ir�n lanzada por una Administraci�n que lleg� al poder gracias al voto de millones de personas seducidas por la idea, clave en la cosmovisi�n MAGA, de que Estados Unidos deb�a olvidarse de guerras en desiertos lejanos y centrarse en mejorar la vida de sus nacionales.Incluso el propio recuerdo del atentado est� fracturado. Esa misma encuesta muestra que un cuarto de los estadounidenses todav�a cree en teor�as conspirativas sobre la implicaci�n del propio Gobierno de Estados Unidos. El propio presidente Trump, este mismo martes, volvi� a repetir ante las c�maras una mentira inexplicable que desde hace cinco a�os repite espor�dicamente: su presencia en la zona del distrito financiero el d�a del atentado y c�mo fue ayudado por bomberos. Trump estaba en Nueva York, pero lejos, y lo sabemos porque sali� en directo en televisi�n esa ma�ana cont�ndolo desde su oficina.Pero al mismo tiempo, pese a todos los males, la ciudad ha sanado. Nueva York tiene hoy, por primera vez, un alcalde inmigrante y musulm�n, algo inimaginable en los a�os posteriores. El atentado arras� el World Trade Center y dej� la parte baja de la isla en escombros y con un trauma que parec�a imborrable, pero ahora, cuarto de siglo despu�s, la poblaci�n del Lower Manhattan se ha triplicado y m�s de 230.000 personas trabajan all�, casi la misma cantidad que antes de la ca�da de las Torres Gemelas, seg�n datos del Wall Street Journal. El turismo est� disparado y la inversi�n de empresas en nuevas oficinas muestra un optimismo creciente. Para muchos estadounidenses, el 11-S es algo muy lejano o s�lo mencionado en pel�culas, series y libros de historia, ya que casi el 40% de la poblaci�n estadounidense naci� despu�s de los atentados o es demasiado joven para recordarlos. Y eso que, aunque parezca mentira, el juicio a Khalid Sheikh Mohammed y otros tres de los principales acusados va a empezar, en teor�a, el mes que viene en Guant�namo.El 11-S fue un hecho hist�rico, de enormes proporciones para cientos de millones de personas en todos los rincones del globo, para el pensamiento filos�fico, para la teor�a del poder, del nation building, del derecho internacional, pero con el paso del tiempo la certeza de que fue el hecho diferencial de nuestras vidas se ha ido matizando. Otros procesos -crisis econ�micas, pandemias, el ascenso de nuevas potencias, la revoluci�n tecnol�gica- compiten por ser el momento bisagra del siglo y parecen ser mucho m�s disruptivos. "A medida que se desvanecen los recuerdos personales, parece acertado y necesario plantearse la siguiente pregunta: �supuso el 11-S un punto de inflexi�n? �O fue un d�a que, por muy tr�gico que fuera, no alter� el curso de la historia? La verdad se acerca m�s a esta �ltima opci�n", apunta Richard Haass, presidente em�rito del Council of Foreign Relations. La batalla de Antietam, en la Guerra Civil, fue el d�a m�s sangriento en la historia de Estados Unidos, con m�s de 23.000 muertos, pero apenas se conoce la efem�ride.Autores como Haass, Fareed Zakaria y Adam Tooze insisten desde hace a�os y reiteran estos d�as en que si bien traum�tico, medi�tico y abrumador, "al echar la vista atr�s al �ltimo cuarto de siglo, resulta evidente que el 11-S no fue un acontecimiento transformador". Mucho m�s importantes han sido el auge de China, la crisis financiera de 2008, la pandemia de Covid-19 y el auge de las conspiraciones y los movimientos de protesta, la agresi�n de Rusia contra Ucrania o la aparici�n de la inteligencia artificial. Por no hablar del giro de Estados Unidos, renunciando al orden de posguerra en cuya construcci�n hab�a tenido un papel fundamental. Visto con perspectiva, seguramente el 11-S no fue el inicio del siglo XXI, sino quiz�s como sosten�a el historiador Andrew Bacevich, el "fin del siglo americano" proclamado por Henry Luce en 1941. En cambio, la victoria de Trump, en medio de una transformaci�n tecnol�gica que no somos capaces de asimilar, con la ca�da brutal de la confianza en los expertos, y todo nuestro ocio e informaci�n en manos del scroll infinito, probablemente s� certific�, en t�rminos absolutos, el final del siglo XX.
25 a�os del 11-S: el d�a que Estados Unidos se rompi�, pero el siglo no cambi�
El 11 de septiembre de 2001, un martes por la ma�ana, desde su ventana en el bajo Manhattan, el historiador Tony Judt vio "comenzar el siglo XXI". Durante mucho tiempo...












