0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialPasqual Maragall tiene ahora 85 años y hace veinte que le diagnosticaron alzheimer, momento en el que empezó a documentar su vida cotidiana en una serie de fotografías a las que añadía comentarios a modo de pie de foto. “Está bien, pero es ya muy dependiente”, explica su hija Cristina en el Centre Cultural Llibreria Blanquerna de Madrid durante el recorrido por la exposición La captura del temps / tiempo, en la que esas imágenes de sí mismo ante el espejo, de su familia o del paisaje urbano que contemplaba dialogan con las fotografías artísticas de Toni Catany (Llucmajor, 1942-Barcelona, 2013), con quien el expresidente de la Generalitat, en su etapa como alcalde de Barcelona, compartió piso durante unos días en una de aquellas estancias que, como una ocurrente maragallada más, se inventó para conocer de cerca los distintos barrios de la ciudad.Presidida por Mnemósine, diosa de la memoria y madre de las musas, la muestra, comisariada por Teresa Sala y Antoni Garau, director de la Fundación Toni Catany, la muestra entrelaza arte y compromiso social para divulgar la realidad de la enfermedad, apunta Cristina Maragall, presidenta de la fundación que lleva el nombre de su padre y busca un futuro sin alzheimer.“Mi padre empezó a hacer fotos con su móvil, un Nokia mucho más sencillo que los de ahora, en el 2007, cuando le fue diagnosticado el alzheimer, como una forma de expresar el momento que estaba viviendo”, recuerda Cristina Maragall, que relaciona la afición del alcalde de los Juegos de Barcelona'92 por hacerse y hacer fotos con el trabajo en colaboración con la fotógrafa Caro García, que se editó en el 2009 en formato de libro con el título -en un juego de palabras con el segundo apellido del expresident- de Pasqual Maragall 'mira' y que recoge los días del rodaje de la película documental Bicicleta, cullera, poma, de Carles Bosch.Cristina Maragall, hija del expresident y presidenta de la Fundació Pasqual Maragall, en la exposición de Blanquerna Miquel Vera Ligero / ACNEstos procesos de memoria, que arrancaron en un momento en el que aún no se hablaba de selfies -por eso Maragall bautizó sus fotos ante el espejo como “autofotos”-, están fijados en forma de pequeñas cartulinas fotográficas de formato Polaroid a las que el expresident añadía comentarios hasta que se lo permitió su agnosia visual. Ahora ya no puede leer y todo le llega por el canal auditivo, explica su hija, por lo que llegó un día en que dejó de hacer fotos y las emociones se limitaron a la música. Pero si las de Maragall son imágenes sin pretensión artística, porque no le preocupaba tanto la calidad fotográfica como la voluntad de permanencia y “explicar el mundo tal como lo veía su mirada tierna, irónica y política”, cuenta su hija, las fotografías de Toni Catany se sitúan en un plano distinto, argumenta Toni Garau, que se ocupa de velar por el legado del artista fotográfico mallorquín desde su fundación.Maragall añadía comentarios manuscritos a sus fotos Miquel Vera Ligero / ACNCon todo, indica Garau, tanto a Maragall como a Catany les interesaban los mismos temas (los viajes, la literatura, la poesía...) y se hicieron amigos desde que compartieron piso en 1987, por eso el político socialista eligió la casa del fotógrafo para celebrar una cena de homenaje a las personas con las que había convivido durante su alcaldía (1982-1997). “Catany busca la belleza; Maragall, se la encuentra”, dice el comisario sobre los temas compartidos por ambos: el paso del tiempo y la cotidianidad, que se plasma en la foto de una manzana sana junto a una podrida que sirve de cartel a la muestra.Imagen de la muestra con dos fotografías de Toni Catany Miquel Vera Ligero / ACNLa captura del temps / tiempo ya pudo verse en Mallorca y, tras pasar por Madrid, su vocación es itinerante, por la doble vertiente artística y divulgativa de la enfermedad, reflexionan sus comisarios, que dan por hecho que las fotos de Maragall y Catany se exhibirán más adelante en Barcelona y otras poblaciones de Catalunya. “Hemos tocado una fibra sensible”, aducen, porque el alzheimer afecta a muchas familias. Licenciado en Filología y Periodismo y posgraduado en Crítica Literaria, sigue la actualidad cultural en Madrid