El BCE ha preparado su traje de ortodoxia para la primera decisión sobre tipos de interés posterior al verano. Ningún lugar para hacerlo mejor que Berlín, capital de una Alemania que, un cuarto de siglo después de que el Bundesbank pasara el relevo al BCE, sigue siendo la reserva espiritual de la guerra contra la inflación. El banco, según la práctica totalidad de los analistas, subirá el precio del dinero en un cuarto de punto, del 2,25% al 2,5% para la tasa de depósito, el segundo repunte desde que la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel en Irán reavivara los fantasmas inflacionistas, ahora con el petróleo a 100 dólares y el gas en niveles de 2023. No son solo los analistas; varios miembros del BCE han sugerido el movimiento, como la alemana Isabel Schnabel, que ha apuntado la conveniencia de subir tipos de forma explícita. La trascendencia de la reunión, en todo caso, va más allá de un alza telegrafiada. El banco actualiza sus previsiones económicas trimestrales, donde anticipa la senda prevista de crecimiento e inflación, una misión casi imposible a la vista de la inestabilidad geopolítica y de los precios de la energía. En junio, el banco subió tipos por primera vez en tres años ante el impacto de los precios energéticos en la inflación. Los inversores, a través de los mercados de futuros, cotizan una subida más este año y otra más antes de abril. Los economistas tienen más dudas. “Yo no esperaría que [Christine Lagarde] fuera especialmente halcón [partidaria de futuras subidas de tipos]”, anticipa Rubén Segura-Cayuela, responsable de análisis económico para Europa de Bank of America, para quien el mercado de deuda pública está ya aplicando su propia medicina. “La curva de tipos supone un endurecimiento exógeno de las condiciones financieras y una amenaza para el crecimiento. Si se mantiene así hasta diciembre, tendrá un impacto significativo”, explica. El mercado de deuda ya está obligando a Francia y Alemania a pagar los intereses más altos desde 2011 y 2008, respectivamente. Ángel Gavilán, socio de aimTFP y exdirector general de Economía del Banco de España, espera, por el contrario, que Lagarde enfatice el entorno de inflación y la importancia de que las expectativas de inflación no se trasladen a precios y salarios futuros. “La economía está resistiendo relativamente bien a pesar de un shock energético negativo”, argumenta. Una de las claves son los temidos efectos de segunda ronda, cuando las empresas empiezan a subir precios y los trabajadores a demandar más salarios porque esperan inflación. Una partícula difícil de detectar, pero capaz de destruir los planes de los bancos centrales.“Lo esperable es que señale una pausa prolongada en su ciclo de endurecimiento monetario durante el resto del año para contener las expectativas del mercado”, apunta la gestora francesa Natixis, opinión que comparte Generali. Pero Felix Feather, economista de Aberdeen, considera por el contrario que “es probable que el tono sea agresivo. La economía de la zona del euro ha demostrado ser más resistente de lo que esperaba el banco”. Además de la dificultad de hacer previsiones económicas en un entorno tan inestable, el BCE tiene abiertos otros frentes que añaden ruido al entorno. Debe decidir una semana antes que la Fed, donde el repunte inflacionista se ve con más circunspección y no hay demasiadas pistas sobre una posible subida, sobre la que el mercado tiene dudas. Si ésta no llega, las políticas del BCE y la Fed serán aún más divergentes. Pero si la Fed sube tipos, elevará el rendimiento de los bonos tanto en Europa como en EE UU, con efectos económicos restrictivos y para disgusto de un Donald Trump que ya lanzó un primer aviso a Kevin Warsh al pedir “patriotismo” a un banco central independiente.Los caminos de la política monetaria y la política a secas se entrecruzan, a otra escala, en la zona euro. En clave interna, por los rumores sobre la posible salida anticipada de Christine Lagarde del banco, para permitir un relevo ante la posibilidad de que la ultraderecha de Marine Le Pen tome el control de la presidencia francesa antes de que venza el mandato de la presidenta del banco. Antes de la reunión en Berlín, ejecutivos del BCE se reunirán con el debilitado canciller alemán, Friedrich Merz, quien, además de intentar recuperar pulso político y económico, debe valorar si postula o no al presidente del Bundesbank, Joachim Nagel, para la futura presidencia del BCE, informa Bloomberg. En clave externa, el banco acomete una impopular subida de tipos en pleno auge de las fuerzas euroescépticas. Apenas han pasado cuatro días después de que la ultraderecha de AfD lograra una estruendosa victoria en las elecciones de Sajonia-Anhalt, y la campaña presidencial francesa está calentando motores. “¿Es que no han entendido nada?“, espetó el líder de la izquierda francesa Jean-Luc Mélenchon en una publicación en X el lunes. “¡Estamos al borde de una recesión! Se necesita una política diferente por parte del BCE”. Antes, Mélenchon había abogado por cancelar la deuda francesa adquirida en manos del banco, 636.000 millones o el 18% del total. La propuesta recibió una respuesta especialmente furibunda por parte del propio Nagel, que advirtió del riesgo de “hiperinflación”.Christine Lagarde hoy debe condensar en una sola decisión, y en unas pocas palabras, toda una constelación de factores económicos y un escenario que cambia cada semana. Sometida, además, a un creciente ruido político que tampoco le es ajeno. Anoche, en la cena de gala previa al consejo, habitual en la reunión anual que el BCE celebra en una capital de la zona euro, lanzó un emotivo discurso a favor de la integración. “Europa en su conjunto debe tomar una decisión: sobre quiénes somos como europeos y en quiénes decidimos confiar”, indicó, apuntando que hay tres caminos por delante: aceptar que el tiempo de Europa pasó; buscar solo el interés nacional de cada país [“oigo cómo estas llamadas son cada vez más fuertes”] o, finalmente, continuar con la construcción de Europa. “La decisión de construir Europa es difícil. Pero no es en absoluto imposible. Aprovechémosla”, finalizó.
El BCE prepara la segunda subida de tipos del año con dudas sobre el camino futuro
El banco ha telegrafiado el alza de intereses hasta el 2,5% y, mientras el mercado espera más movimientos en 2026, los economistas no se ponen de acuerdo















