El partido ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD) no consiguió, por escaso margen, hacerse con la mayoría absoluta en las elecciones del estado de Sajonia-Anhalt. Pero nadie debería consolarse con esto. Su victoria fue arrolladora, en todo caso. Tras décadas mejorando sostenidamente sus resultados electorales, hoy ya están normalizados, hasta el punto de que solo se reflejen en los medios sus victorias más contundentes. Pero que un partido clasificado oficialmente como de “extremista de derechas” consiga el 44% de los votos no es normal. Es un mal día para la democracia europea, por mucho que esto haya pasado en un pequeño estado del este de Alemania.
Aunque Sajonia-Anhalt (y el conjunto de Alemania) hayan evitado el peor resultado posible, pues AfD no ha conseguido automáticamente el objetivo ansiado de formar el primer gobierno de ultraderecha en el país desde la era nazi, no hay razón para suponer que tendrá la misma suerte en siguiente votación que se celebre.
Tampoco en otros estados alemanes —como el de Mecklemburgo-Pomerania occidental, que tiene elecciones en dos semanas— o en países como Francia, que elige presidente en 2027. Ningún país es inmune a la extrema derecha y, quizás aún más preocupante, ningún partido o político ultra es demasiado radical para tener éxito político (como ha demostrado Estados Unidos). Así que tenemos que poner al día nuestros análisis y estrategias.










