El catal�n Marco Mart�nez se pas� casi una d�cada sacando n�ufragos del agua frente a Libia, T�nez y Lampedusa hasta que un d�a, no hace demasiado, se levant� dici�ndose a s� mismo: "�Cuidad�n. Si no dejas los rescates vas a hacerte da�o". La vida se interpuso entonces para ofrecerle un cambio de oc�ano y de causa. Y en enero se enrol� en el Bandero, un barco de la Fundaci�n Paul Watson que se dedica, entre otras cosas, a impedir por la fuerza la caza de ballenas.Watson es un canadiense de 75 a�os criado en un pueblecito costero de unos 3.000 habitantes y una larga tradici�n marinera. Estaba ya en el n�cleo duro de Greenpeace cuando Greenpeace apenas exist�a. Pero acab� march�ndose de la organizaci�n cuando sinti� que sus antiguos camaradas hab�an convertido la rebeli�n en una marca registrada.En 1977 fund� Sea Shepherd. Y dos a�os despu�s ya se hab�a hecho a la mar y estaba persiguiendo al Sierra, un ballenero pirata. Durante cuatro d�cadas convirti� una peque�a flota de barcos en el instrumento de una guerra personal contra cazadores de cet�ceos, asesinos de focas, redes ilegales y furtivos. En 2022 cre� la Captain Paul Watson Foundation.El Bandero es un antiguo patrullero pesquero japon�s de casi 65 metros de eslora, comprado por la Fundaci�n en 2024 y reconvertido en buque de campa�a. Antes de poner rumbo a Islandia hab�a trabajado en la Ant�rtida contra la pesca industrial de kril.Marco se subi� a bordo del viejo guardapescas el pasado enero en el puerto australiano de Port Anthony. Una voluntaria de la Fundaci�n le avis� de que buscaban capit�n. "Dije que s� como podr�a haber dicho que no", asegura. Pero se plant� en Australia.No era un reci�n llegado al puente. Tiene 52 a�os y es de Cambrils, un pueblo de la Costa Dorada volcado sobre el Mediterr�neo, donde la vieja vida marinera sobrevive entre el turismo: las barcas de pesca siguen amarradas junto a los yates, la lonja contin�a a pocos metros del gent�o y una cofrad�a cuyos antecedentes se remontan al menos al siglo XVIII mantiene todav�a barcos saliendo a faenar.El capit�n Mart�nez navega profesionalmente desde 2004. El �ltimo segmento de esa vida marinera ha transcurrido en barcos con misiones de rescate y campa�as activistas. Tras subirse por primera vez a la cubierta del Bandero, Marco pas� m�s de cinco meses a bordo. En las largas traves�as suele llevar el mando, especialmente durante los traslados por el Pac�fico o el Atl�ntico. Cuando el viejo patrullero arrib� a Dubl�n, �l ocupaba el puente. Su intenci�n era volver al Mediterr�neo, pero, al cabo de unas semanas, recibi� otra llamada de Paul Watson que mencionaba Islandia.Dos operarios realizando maniobras con una ballena de gran tama�oP. WATSON FOUNDATION"Se hab�a ido gente de la tripulaci�n y me propusieron regresar como oficial", dice el marino. As� que en julio regres� a Dubl�n y se embarc� de nuevo para una misi�n muy especial contra un magnate de Hafnarfj�r�ur llamado Kristj�n Loftsson.Loftsson tiene 83 a�os y lleva tanto tiempo dedicado a la caza de cet�ceos que cuando comenz� a forjar su imperio, matar ballenas todav�a era una industria respetable. Ten�a 13 cuando, en 1956, se embarc� en el ballenero de su padre. Empez� como se empezaba entonces: avistando animales, limpiando las cubiertas, aprendiendo un oficio que en aquella Islandia de posguerra no ten�a nada de extravagante. Tras la muerte de su padre, en 1974, hered� el mando de Hvalur. La empresa familiar se especializ� en rorcuales comunes, los bellos gigantes que atraviesan el Atl�ntico Norte como torpedos vivos. S�lo la ballena azul los supera en tama�o: pueden rondar los 25 metros y pesar decenas de toneladas.Para abatirlos, los Hvalur llevan en la proa un ca��n que dispara un arp�n provisto de una granada explosiva. El primer impacto no siempre mata. En 2023, las propias autoridades islandesas suspendieron temporalmente la actividad del Hvalur 8 tras acceder a unas im�genes que mostraban a un animal que recibi� un segundo disparo casi media hora despu�s del primero. Su agon�a fue espantosa.Loftsson ha sobrevivido a casi todo lo que deber�a haberlo enterrado: la moratoria internacional de 1986, el hundimiento del mercado, las campa�as ecologistas, dos temporadas recientes sin una sola captura y una sociedad islandesa cada vez m�s dividida sobre la bondad de una actividad que contribuye poco o nada a la econom�a del pa�s.40 A�OS DE GUERRA EN EL MAREste verano, el rey de los balleneros volvi� a sacar al mar al Hvalur 8 y al Hvalur 9. El consejo cient�fico hab�a recomendado no superar los 150 rorcuales comunes en 2026. Eran los primeros cet�ceos de esa especie que Islandia sal�a a matar desde 2023. Y enfrente estaba precisamente el hombre con quien Loftsson lleva cuarenta a�os ajustando cuentas.En el verano de 1985, Watson lleg� a Reikiavik a bordo del Sea Shepherd II y advirti� de que, si Islandia ignoraba la moratoria internacional que entrar�a en vigor al a�o siguiente, volver�a. Islandia sigui� cazando. Y cumpli� su promesa.La madrugada del 9 de noviembre de 1986, dos activistas de Sea Shepherd entraron en la estaci�n de Hvalur en Hvalfj�r�ur, destrozaron maquinaria y despu�s se desplazaron al puerto de Reikiavik. All� subieron a escondidas al Hvalur 6 y al Hvalur 7, abrieron las v�lvulas de mar y se marcharon. No hab�a nadie a bordo cuando las dos embarcaciones empezaron a anegarse hasta hundirse contra el muelle. Watson asumi� la autor�a desde Canad� y explic� que hab�a prohibido expresamente utilizar explosivos para que nadie resultara herido. La nueva Operation 86 no necesitaba demasiadas explicaciones. Los barcos 6 y 7 hab�an quedado fuera de combate cuarenta a�os atr�s, pero los 8 y 9 segu�an saliendo de puerto. Y al frente de la compa��a Hvalur continuaba el mismo viejo ballenero.Esta vez Watson mand� al Bandero para hacer frente a su n�mesis. Y Marco iba a bordo, como oficial del capit�n Beck Straussner, junto a una tripulaci�n de 21 personas. Le acompa�aba tambi�n Ana Zugarramurdi, uruguaya con pasaporte espa�ol, otra veterana de los rescates en el Mediterr�neo central que hab�a pasado siete a�os como jefa de misi�n en distintos barcos.Helic�ptero de la Guardia costera de ReikiavikP. WATSON FOUNDATIONAl frente de la expedici�n estaba Rod Coronado, uno de los dos hombres que cuarenta a�os antes hab�an hundido los Hvalur 6 y Hvalur 7. La historia ten�a algo de regreso al escenario del crimen: Loftsson segu�a all�, Coronado volv�a a Islandia y Watson segu�a determinado a acabar con el arponero, como una especie de capit�n Ahab inverso: el patr�n del Pequod persegu�a implacablemente a una bella criatura blanca llamada Moby Dick. La obsesi�n albina del canadiense es un se�or de Islandia."Es un viejo testarudo al que le gusta matar ballenas aunque no haya beneficio en ello", nos comenta Watson. "Disfruta del poder que tiene sobre el Partido de la Independencia y normalmente consigue lo que quiere".Esta vez, sin embargo, fue el canadiense quien ha perdido temporalmente uno de sus barcos. "Entramos en aguas territoriales islandesas con la idea de hacer una acci�n no violenta, hacer un poco de ruido y ya est�", recuerda Marco. "Encontramos el ballenero un poco de casualidad. Sab�amos m�s o menos por d�nde iba, pero es un �rea muy dif�cil de abarcar. Son casi cuarenta millas de punta a punta. Tuvimos la suerte de que era un d�a muy despejado y hab�a buena mar".El Hvalur 9 lleva d�cadas entrando y saliendo de esas aguas. Esta vez, sin embargo, ten�a un barco de Watson a la zaga.Seg�n el catal�n, la idea era empujarlo a que volviera a puerto. "Nos manten�amos a m�s de un kil�metro del barco porque no quer�amos que luego nos dijeran que hab�amos puesto en peligro a nadie. �l navegaba a unos 12 kil�metros por hora y nosotros a 12,3. Era, sobre todo, un golpe de efecto para lograr atenci�n".Seg�n un despacho de AFP, un tripulante del Bandero asegur� que el plan inicial era embestir al Hvalur 9 y que, al no poder darle alcance, botaron una neum�tica para inutilizar sus h�lices con una red."No s� de d�nde ha salido eso, pero, como comprender�s, embestir a un barco no es algo que entrase en nuestros planes", replica Marco. "S� que pusimos la RIB en el agua, una lancha r�pida de seis metros, con unos cabitos, unas cuerdas, para que el barco frenara. Pero son cabos que no producen ning�n tipo de da�o. Solo quer�amos que supieran que est�bamos ah�".El Hvalur 9 vir� hacia puerto. Y entonces apareci� el S�ptimo de Caballer�a de Reikiavik. "Vimos que hab�a un barco de los guardacostas y se decidi� volver para aguas internacionales", recuerda el espa�ol. "En ese momento empezaron a perseguirnos con la barca grande de una especie de polic�as militarizados, barcas r�pidas peque�as y un helic�ptero, todo en plan muy Hollywood, tir�ndose con cabos".La Guardia costera de Reikiavik en plena persecuci�n policialP. WATSON FOUNDATIONLos islandeses dicen que antes del abordaje les hab�an ordenado abandonar las aguas territoriales y que, m�s tarde, se exigi� al capit�n que detuviera m�quinas. Marco asegura que no escuch� aquellas �rdenes por radio.Nadie ofreci� resistencia. "El barco se mantuvo a rumbo fijo, a unos quince nudos de velocidad, porque no quer�amos dificultarles la acci�n. Ya ten�amos muchos v�deos de los helic�pteros y de las barquitas, que era cuanto necesit�bamos para denunciar aquello"."Nos pusieron a cada uno en un camarote con un polic�a que te vigilaba. A algunas compa�eras las tuvieron con polic�as masculinos las veinticuatro horas, con la cara tapada. Luego estuvimos tres d�as en Reikiavik sin poder salir del barco"."Yo estuve once d�as hasta que me deportaron y nueve de ellos, sin abogado. Se quedaron nuestros pasaportes. Por un lado estaba el Ministerio de Transporte parando el barco; por otro, Inmigraci�n trat�ndonos de expulsar; y a la vez hab�a una investigaci�n criminal. Ni siquiera se pon�an de acuerdo entre ellos. A m� me han deportado y ni siquiera s� de qu� me acusan. Adem�s, se han quedado mi tel�fono".Seg�n el veterano ecologista Watson, las autoridades terminaron liberando formalmente al Bandero, pero la Guardia Costera lo mantuvo retenido hasta que Kristj�n Loftsson pudo acudir a los tribunales y conseguir su inmovilizaci�n cautelar. La vista est� prevista para diciembre. "No esperamos un juicio justo", afirma.En su opini�n, la demanda de Loftsson es la prueba de que Operation 86 consigui� hacerle da�o. Hvalur dispon�a este a�o de autorizaci�n para capturar hasta 150 rorcuales comunes. Watson asegura que la temporada est� pr�cticamente terminada y que s�lo ha podido matar 65. "Nos demanda porque impedimos que consiguiera su cuota completa", apostilla.