Durante dos días, solo vio agua. Rafie flotaba a la deriva, con el cuerpo machacado, los labios agrietados y la mirada ida. Llevaba un traje corto de neopreno y unas aletas, y avanzaba encajado en un flotador negro medio desinflado, como los que usan los niños en la playa. Nadie sabía quién era, ni de dónde venía, cuando un velero lo rescató el pasado 16 de julio a unos 20 kilómetros de la costa de Benalmádena (Málaga). Una semana después, a salvo y feliz, Rafie, de 23 años, cuenta su historia: una travesía imposible para llegar a España sin dinero ni barco, armado apenas con sus brazos y el empeño de no dejarse morir. ...

De lejos parecía un pez o un pájaro, era una mancha negra en un mar tranquilo, pero al enfocarlo con los prismáticos se veía que era un hombre pidiendo ayuda. El vídeo del rescate, grabado desde el barco que lo encontró, recorrió las redes sociales con cientos de miles de visualizaciones. En las imágenes se observa cómo los tripulantes, una familia andaluza, maniobran para acercarse a él, le lanzan una cuerda y lo sujetan por los brazos para subirlo a bordo. Ya en la cubierta, Rafie se dejó caer boca arriba, agotado, y sonrió un poco. Casi no podía hablar, pero estaba vivo después de casi 48 horas en el mar. En su primera foto tras salvarse se lo ve acurrucado, envuelto en una toalla beis de la que solo sobresalían sus pies.