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En 1982, el navegante estadounidense Steven Callahan inició un viaje en solitario desde las Islas Canarias hasta Antigua sobre su propio velero. Tras sufrir un siniestro lejos de las rutas marítimas, permaneció aislado en medio del Atlántico sin contacto exterior ni asistencia. Durante semanas, sus allegados desconocieron el naufragio mientras ningún barco detectó su presencia, un drama documentado por The Christian Science Monitor.

A sus 29 años, el marinero transformó un bote inflable de 1,8 metros en un hogar improvisado donde permaneció 76 días. Décadas más tarde, la revista People recogió su testimonio sobre esta hazaña antes de llegar a costas caribeñas: "Una vista del cielo desde un asiento en el infierno".

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El 4 de febrero de 1982, una violenta tormenta destruyó el velero Napoleon Solo en medio del océano. Steven Callahan reaccionó con rapidez: abandonó la embarcación y rescató provisiones clave antes de alejarse en una balsa inflable. El marino enfrentó olas gigantes, tormentas y un hueco repentino en su bote. En el momento más oscuro, “era una existencia como la de un cavernícola, pero en el mar”, declaró sobre su lucha contra el hambre y los tiburones a la revista People.