Me he despedido de Formentera desde el ferry no lanzando una botella al mar con un mensaje melancólico como el año pasado, lo que me granjeó quejas por contaminar los océanos (espero que no fuera por mi prosa), sino con una pequeña libación de licor de hierbas de la isla. Y eso que tras la lectura estas vacaciones de La isla misteriosa, de Julio Verne, podría argüir que los mensajes en botella han salvado vidas, como la del capitán Grant o la del asilvestrado contramaestre Ayrton. Pensé también en echar al agua mi flamante gorra nueva que lleva inscritos muy saladamente el nombre de Formentera y las coordenadas de la isla (38º42’N 1º27’E) e imitar así el gesto de los británicos cuando dejaban la India y lanzaban sus salacots. Pero recordé lo que me había costado la prenda en la tienda Dossae de Sant Francesc (gorra modelo Es Cap, 42 euros del ala, eso sí, ecofriendly), y me la volví a poner. En todo caso, los gestos propiciatorios no estaban de más dado que mi viaje coincidía con el 25º aniversario del hundimiento del submarino Kursk, que ya es fecha para hacerte a la mar. Habría estado más tranquilo si hubiera tenido un colgante hecho con pelos del bigote de un vell marí (la vieja foca extinta de las Baleares), el amuleto tradicional formentereño para no morir ahogado.
Últimas noticias de Formentera y viaje de vuelta con los piratas de Mac Orlan
El regreso de la isla en barco lo marca la lectura de la conmovedora ‘El ancla de la misericordia’ del escritor de aventuras francés







