Pasadas las 9.30 de la mañana del 28 de mayo, un cayuco de madera, con un escudo del Barça pintado en la proa, entraba en el puerto de La Restinga remolcado por un buque de Salvamento Marítimo. Hacía dos semanas que no llegaba una embarcación a la isla de El Hierro, el sol brillaba y el mar estaba en calma. A bordo, 152 personas, entre ellas 45 mujeres y 29 niños celebraban estar a salvo. En cuestión de minutos, la barca volcó. Cuatro mujer...

es y tres niñas murieron.

Las imágenes que emitieron ese día todos los telediarios muestran cómo el barco se traga a muchas personas que ni siquiera logra sacar la cabeza a la superficie porque se quedaron atrapadas en el interior del barco. Habrían sido muchas más víctimas de no haber sido por pasajeros como Ibrahima, un mecánico de 29 años, procedente de Mbour (Senegal).

Enfundado en un jersey verde con capucha calada hasta los ojos, el joven ejerce de portavoz de otros senegaleses en el exterior del campamento para inmigrantes de Tenerife adonde les han trasladado. Pide que no se publique su verdadero nombre. “Un grupo de mujeres y niños quedó atrapado cuando el cayuco se dio la vuelta. Comenzamos a bucear por debajo del barco: llegábamos hasta ellos, los sacábamos y los entregábamos. Una y otra vez”, recuerda. Relata que, por fortuna, debajo de la barca se había creado una burbuja de aire. “No sé a cuántas personas sacamos. Fueron bastantes”.