Bajad las armasS�nchez ser� un perro sin collar, pero cuando el electorado lo sacrifique va a dejar muchos collares hu�rfanos de perroLa bancada de diputados socialistas aplauden a Pedro S�nchez, en una imagen de archivo, en el Congreso.Actualizado Mi�rcoles,
septiembre
18:07Audio generado con IAEn la primera sesi�n de control del curso el presidente del Gobierno ha presumido de ser "un perro sin collar". Se trata de una proyecci�n interesante. Pedro se ve a s� mismo como un perro cimarr�n, callejero, indomable: precisamente la clase de perro al que ning�n hombre considerar�a su mejor amigo. Porque en nuestra tradici�n cultural existen dos acepciones antag�nicas de lo canino: una positiva y otra negativa. La primera define a Argos, el insobornable lebrel del errante Ulises que no morir� hasta ser el �nico en reconocer a su amo retornado bajo la apariencia de mendigo. Pero luego tenemos a Di�genes, que fund� la escuela de los c�nicos ("los perrunos", en griego) apropi�ndose con orgullo del insulto que los atenienses le dirig�an por vivir en la calle y no respetar las leyes de la ciudad. �A qu� paradigma moral podr�amos adscribir a Pedro si fuera efectivamente un perro, al del cinismo o al de la lealtad?En otro tiempo el matrimonio formado por Pedro S�nchez y Bego�a G�mez se har�a enterrar como los antiguos nobles medievales y renacentistas: en un sepulcro de alabastro con un perrito esculpido a sus pies. Aunque en su caso no valdr�a cualquier perrito. Esta convenci�n escult�rica expresaba la fidelidad conyugal que hab�a distinguido en vida a los yacentes, pero el �nico v�nculo que no ha roto Pedro es el que lo ata a su voluntad de poder. As� que a los pies del sepulcro de alabastro de los S�nchez-G�mez deber�a figurar un d�berman, por ejemplo.Recordaremos el sanchismo como una �poca fascinante de servidumbre voluntaria. De animalizaci�n general. Y no sabemos si cuando muera el perro (electoralmente, vamos a precisar) se acabar� la rabia; es decir, el frentismo agotador que ha desquiciado la vida p�blica espa�ola a lo largo de la �ltima d�cada. Pero esta forma embrutecida de ejercer el poder a despecho de la raz�n dejar� secuelas tan divertidas como la metamorfosis porcina de la Odisea. Van a faltar Circes para devolver su condici�n racional a tantos hombres y mujeres que aceptaron rebajarse a un grado in�dito de domesticaci�n sectaria. Que a�n en esta fase ag�nica de la legislatura todav�a se jactan de su sumisi�n, de su gregario impulso de reala, de su coro de ladridos.S�nchez ser� un perro sin collar, pero cuando el electorado lo sacrifique va a dejar muchos collares hu�rfanos de perro.







