El �ltimo esca�oEl presidente ve en la divisi�n pol�tica y social una manera de fidelizar el voto de izquierdas en torno a su candidaturaPedro S�nchez en el CongresoEFEActualizado Mi�rcoles,

septiembre

13:09Audio generado con IAEl resultado catastr�fico de la entrevista en la SER con la que Pedro S�nchez dio por inaugurado el curso pol�tico, tras un largo mes de asueto, con su tono fr�o e indiferente respecto a la grave situaci�n de Ceuta, y en la que defendi� el papel de Marruecos, eludi� la autocr�tica e insinu� ser incluso como una v�ctima pol�tica de la "crisis migratoria", oblig� a La Moncloa a montarle, deprisa y corriendo para este mi�rcoles, una nueva entrevista en TVE. Un territorio m�s amigable incluso que la cadena de PRISA en el que S�nchez ha podido presentarse como un presidente sin responsabilidades en los frentes que tiene abiertos el Gobierno -Ceuta, el amplio cat�logo de corrupci�n, PISA-, entre espectador y damnificado, adem�s de considerarse objeto de un brutal ataque de la "internacional ultraderechista", y de dejar claro que, a falta de concretar la fecha de las elecciones, ya ha entrado en campa�a.Una l�gica electoral que explica que se muestre m�s preocupado por que el Tribunal Supremo avale con urgencia el derecho a voto a nietos y bisnietos argentinos de los exiliados espa�oles -cuando la mayor�a de ellos nunca ha vivido en Espa�a-, alterando de manera significativa el censo electoral, que de la situaci�n l�mite en la que est� el pueblo ceut�, o que proclame que la "mejor de las Espa�as" fue la de la Segunda Rep�blica.Todo en el Gobierno ya es polarizaci�n y c�lculo demosc�pico. Cada una de sus palabras y acciones, agitando la divisi�n social y pol�tica entre la izquierda dem�crata y el "bloque reaccionario" formado por el PP, Vox, los jueces y los medios de comunicaci�n, sigue un guion electoral, en la que el enfrentamiento pol�tico y el cabreo ciudadano, por ejemplo con la actuaci�n del Gobierno en Ceuta, S�nchez cree que le beneficia en las urnas.Ahondar en la divisi�n de Espa�a en dos bloques irreconciliables -presentando las manifestaciones de apoyo a Ceuta como una campa�a fascista- forma parte de una estrategia para movilizar el voto de izquierda, fidelizarlo a trav�s de la crispaci�n -una suerte de llamada a filas- y tenerlo cautivo en su candidatura, evitando el trasvase de votos de un bloque a otro. De esta manera, cualquier cr�tica o manifestaci�n contra el Gobierno se convierte en una confirmaci�n de ese clima de guerra civil h�brida con el que S�nchez quiere envolver las elecciones.La mayor�a de los sondeos, en los que el PSOE conserva su n�mero de esca�os y, por lo tanto, opciones de gobernar, le dan la raz�n al plan de S�nchez. Tambi�n la configuraci�n del escenario pol�tico internacional: en muchas de las democracias occidentales, la emergencia de los partidos populistas conseguir� que las elecciones vayan a dirimir exclusivamente el choque entre la nueva extrema izquierda -en la que el PSOE sanchista es un referente- y la nueva extrema derecha, borrando de la ecuaci�n a los viejos partidos socialdem�cratas, liberales y democratacristianos. Es el final de toda opci�n templada y basada en los viejos consensos.Al equiparar al PP con Vox, y a la vez equiparar a estos dos partidos con Alternativa para Alemania, el lepenismo o con el trumpismo MAGA, el l�der del PSOE est� logrando, primero, que los populares se diluyan poco a poco en esa coalici�n de facto con los de Abascal, atrapando al PP en esta f�rmula. Para, despu�s, presentar las generales como un plebiscito entre esas "dos Espa�as" que desea la izquierda y en el que S�nchez, que ya ha despreciado p�blicamente la posibilidad de alternancia -una manera de decir que la democracia es �l-, interpelar� a los nacionalistas vascos, catalanes y gallegos bajo la dicotom�a de avanzar de la mano hacia una Espa�a confederal -un nuevo Pacto de San Sebasti�n- o bien la involuci�n centralista con un gobierno facha.As� pues, desembarazarse de este tramposo cors� construido por S�nchez, romper la dial�ctica de los bloques enfrentados para acercarse a la mayor�a absoluta, es el principal reto que tiene que solucionar Alberto N��ez Feij�o si quiere gobernar Espa�a.