El PSOE despliega toda su artillería con Zapatero y Puente para cerrar una campaña en la que creen que con Carlos Martínez tienen opciones de ser primera fuerza

El PSOE cierra la campaña de Castilla y León con un estado de ánimo que no tiene nada que ver con la sensación de abatimiento y pesadumbre que rodeó a las elecciones extremeñas ni al de la campaña aragonesa. Pese a que todas las encuestas coinciden en que el cambio de gobierno es imposible en una comunidad en la que el PP gobierna de forma ininterrumpida desde 1987, el desarrollo de la campaña castellana y leonesa no ha podido ser más diferente. El No a la Guerra, que Pedro Sánchez ha desempolvado 23 años después para expresar su rechazo a la guerra de Irán, incomoda al PP y reactiva el ánimo el PSOE, donde incluso creen que la victoria está al alcance aprovechando la división en la derecha.

Los mejores pronósticos internos le otorgan 29 escaños, uno más que ahora, y los más pesimistas una caída a los 25 diputados, que fue el suelo de los socialistas en 2015. Fuentes de la cúpula del PSOE afirman que han llegado al cierre de la campaña con un empate técnico con el PP, aunque dirigentes de la ejecutiva de Castilla y León apelan a la prudencia y advierten de que los últimos escaños en hasta cinco provincias se van a jugar en unos pocos cientos de votos. “Que todos los progresistas voten al PSOE, da igual que hayan votado antes a otras opciones progresistas, lo más importante es concentrar el voto en quien puede ganar las elecciones. Así que no mas tedio de [Alfonso Fernández] Mañueco ni odio de [Santiago] Abascal sino cambio, que es lo que representa Carlos Martínez“, ha animado al voto útil en un mitin en Valladolid al que han asistido a unos 4.000 militantes y simpatizantes. La mitad se ha quedado fuera de la Cúpula del Milenio, la misma en la que Sánchez dio un paso de gigante para presentarse a la reelección en las primarias de 2017, tras completarse el aforo y ha seguido el acto por pantallas gigantes.