El actual presidente del Gobierno de Espa�a se ve a s� mismo como un h�roe y conquistador de derechos, mientras oculta una deficiente gesti�n y acusaciones de corrupci�n.Pedro S�nchez ha cumplido ocho a�os en el Palacio de la Moncloa. Lo llamo Warren S�nchez, por el personaje de Les Luthiers, porque pretende tener todas las respuestas, y es, en realidad, un mentiroso que quiere ocultar una deficiente, cuando no delictuosa, y muy antiliberal gesti�n en el Gobierno y en el PSOE, que afecta a sus m�s importantes dirigentes, a un expresidente socialista como Rodr�guez Zapatero, y hasta a miembros de su propia familia.Pero S�nchez ve en el espejo al h�roe, conquistador de derechos y defensor del pueblo ante la terrible derecha.Veamos primero la econom�a. Es claro que la insistencia del Gobierno en que "mejora la vida de la gente" le es muy �til, para "desviar el foco de la opini�n p�blicadel v�a crucis judicial que afronta el PSOE".Pero, independientemente de la corrupci�n, los datos econ�micos no avalan el triunfalismo. La subida nominal de las pensiones y el SMI son genuinas, pero lo son tambi�n el agravamiento del desequilibrio financiero de la Seguridad Social, los bajos salarios y el empobrecimiento por la mayor inflaci�n que afecta a la cesta de la compra y en especial a la vivienda. La reducci�n del paro se disfraza con trucos "discontinuos". El mayor gasto p�blico ha sido financiado con una subida de impuestos que ha castigado a la mayor�a de la poblaci�n, entre otras razones por la no deflactaci�n de la tarifa del IRPF, y por una mayor deuda p�blica. La capacidad de crecimiento de nuestra econom�a contin�a lastrada por una productividad languideciente, y las autoridades no han hecho nada para potenciarla.El bienestar de los ciudadanos se ha visto recortado en diversos �mbitos relevantes. Es indudable que incendios, volcanes, nevadas o inundaciones no son responsabilidad de los pol�ticos, pero la prevenci�n, las obras p�blicas y el Plan Hidrol�gico s�. Como lo es la planificaci�n energ�tica y el mantenimiento de las infraestructuras, cuyas deficiencias llevaron al ins�lito apag�n y a la tragedia de Adamuz, junto a un sorprendente tercermundismo que asol� la Alta Velocidad, otrora un orgullo nacional. La gesti�n de la pandemia fue de las peores del mundo desarrollado.La propaganda oficial y oficiosa, cada vez m�s activa, se esfuerza tanto en subrayar m�ritos -v�anse la proliferaci�n de "ayudas", "escudos", etc.- como en alegar que el Gobierno "progresista" es siempre mejor que su alternativa, demonizada como extremista y peligrosa para los "derechos conquistados" gracias a la izquierda.La estrategia tiene el problema de que la gente percibe cada vez m�s claramente que la generosidad del sanchismo es pagada por esa misma gente, y que la derecha en la pr�ctica no es un monstruo recortador. De hecho, se parece a la izquierda en su intervencionismo, sumado a su timidez reformista.A los irresponsables desequilibrios econ�micos que legar� el sanchismo, seguramente la peor imagen que le devuelve el espejo es la de la corrupci�n, en un doble sentido. Por un lado, el enchufismo, el amiguismo y el robo de toda la vida, asociados siempre al poder, su dimensi�n y arbitrariedad. Y, por otro lado, una corrupci�n incluso m�s grave, que tiene que ver con el ejercicio de ese poder: manipulaci�n, bulos, polarizaci�n, y bloqueo de toda alternancia.Ante esas im�genes devastadoras, la reacci�n de S�nchez es t�pica: todo es una conspiraci�n y �l no tiene ninguna responsabilidad. Pero la tiene, como se ve en su empe�o en conquistar y socavar las instituciones, erosionando la clave de la libertad del pueblo: los l�mites del poder. Una encuesta de Sigma Dos para El Mundo indic� que los votantes socialistas tend�an a despreciar a la UCO, la Udef, la Fiscal�a y la Audiencia Nacional. Roberto Benito, subdirector de ese peri�dico y jefe de Informaci�n, lo defini� como "el punto �ptimo de maduraci�n de la traca final del sanchismo".