Fare casinoS�nchez es un mal presidente del Gobierno sostenido por quienes no lo soportan a un lado y otro del panorama pol�tico. Ya est�S�nchez junto al ministro Carlos Cuerpo el pasado 20 de febrero.Actualizado Mi�rcoles,

junio

10:59Audio generado con IACONTRA todo pron�stico, Pedro S�nchez lleva ocho a�os y dos d�as reflejado en el espejo. He le�do tanto acerca de su apariencia, su estado psicol�gico y sus h�bitos poshumanos que hab�a llegado a creer en la posibilidad de ser gobernado por un hombre lobo o algo as�. M�s que para contrarrestar los golpes de efecto que han dejado la convivencia como el cad�ver de un pentito, las teor�as sobre su condici�n han alimentado esta legislatura doble dise�ada como un t�nel que atraviesa la democracia. En cada hito hay un diagn�stico. Le�dos en orden, surte un efecto contrario y empiezan a tener brillo y la hemeroteca acaba cogiendo las hechuras de una vitrina. All� est�n acumuladas todas las rese�as que justifican los delirios de grandeza de Pedro S�nchez. Acumula las rese�as que prueban haber sido un incomprendido, el enviado a rematar el trabajo de Zapatero, el pol�tico a contracorriente que no entiende de contrapesos ni cr�ticas constructivas. Resulta que su apariencia de James Bond de sauna, esa hip�rbole sobre su capacidad para ser un villano, el t�tulo de rey de los renegados, de hombre de helio lanzado a los confines de la mentira, era solo un se�uelo. Pedro S�nchez es solo otro yonki del poder. Sin la literatura aplicada por quienes menos lo quieren, S�nchez resulta un caradura de antolog�a que no ha estado a la altura del cargo. En t�rminos reales, S�nchez es un mal presidente del Gobierno sostenido por quienes no lo soportan a un lado y otro del panorama pol�tico. Ya est�.La �nica literatura posible sobre Pedro S�nchez es el finiquito. Aunque dentro de la sucesi�n de errores que constituye su legado hay algo aprovechable. Lo �nico que est� a la altura de las hagiograf�as escritas por sus enemigos es la habilidad para haber encontrado el mejor nicho donde llevar a cabo un proyecto destructivo. Haber tomado como reh�n a la izquierda, el �nico espectro ideol�gico que permite justificar cualquier decisi�n escabrosa, anticonstitucional, ileg�tima, ventajista o mesi�nica. Vamos: amnistiar a los sediciosos a cambio de votos es una de esas acciones ins�litas que solo encuentra un molde en el progreso y sus intelectuales. S�nchez se reduce a la excavaci�n que ha llevado a cabo en las instituciones solo con el objetivo de encontrar, entre las toneladas de sistema movidas, una justificaci�n a su presencia en Moncloa.Ya siento haber escrito otra columna sobre S�nchez, el peor presidente del Gobierno. Cuando aparezca en un auto no habr� ninguna justificaci�n para llorarle.