Hace 30 años, los sistemas educativos fueron retados a atender los aprendizajes que demandaba el siglo XXI. Sin embargo, seguimos atados a una gestión enfocada en el control burocrático del trabajo docente, no en una gestión pedagógica enfocada en hacer posible aprendizajes reflexivos y críticos. Si el interés es mantener las rutinas, se preferirán administradores, no líderes; se convertirá la burocracia en un fin en sí mismo, subordinando las necesidades pedagógicas a la eficiencia administrativa. Según la OCDE, los directores dedican apenas un 21% de su tiempo al liderazgo pedagógico. El resto se va en tareas rutinarias y en atender las demandas administrativas del sistema. Esto les resta tiempo y energía para revertir las resistencias al cambio. Según el Ministerio de Educación, solo 0,1% de maestros promueven pensamiento crítico. Seguimos enfocados en la transmisión y repetición acrítica de conocimientos aislados. Los liderazgos surgen cuando urgen rupturas y nuevas reglas de juego. Hacerlo viable supone cinco acciones estratégicas: 1. Desburocratizar: Dotemos de soporte administrativo a las escuelas para que el directivo pueda ejercer liderazgo pedagógico. 2. Transformar la gestión local: Reemplacemos el control punitivo al docente que ejercen las Unidades de Gestión Educativa Local (UGEL) por más acompañamiento pedagógico y asistencia técnica. 3. Formar en liderazgo: Prioricemos el desarrollo de habilidades sociales y de un liderazgo más reflexivo. 4. Crear comunidades de aprendizaje: Institucionalicemos la autoevaluación continua, para que las escuelas se habitúen a aprender de su propia experiencia y a superar errores colaborativamente. 5. Autonomía institucional: Permitamos innovaciones pertinentes a cada realidad, dándoles soporte para que se difundan y escalen en el sistema. Las reformas la gestan directivos con tiempo, disposición y solvencia para impulsar el cambio que requiere con urgencia la enseñanza las aulas. Colabora Luis Guerrero Ortiz, director de Educacción