En la primera década del siglo, cuando yo estudié allí, había en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense un profesor que se había hecho famoso. Impartía una asignatura que se llamaba “Tecnologías de la información”, pero que se podía haber ahorrado el plural: en la práctica se reducía a una montaña de horas donde había que aprender a manejar una única tecnología: el tipómetro.
Un tipómetro es una especie de regla que tiene varias unidades de medida distintas. Cada una representa un alto de línea medido en puntos. Hace décadas, antes de que hubiera ordenadores, se usaban para diseñar las páginas de los periódicos impresos donde los titulares, las entradillas y el cuerpo del texto podían ir en distintos “tipos” de letra.











