Mallorca esconde todavía rincones donde las calles de piedra desembocan en paisajes de montaña y el Mediterráneo conserva su lado más salvaje. Uno de ellos guarda, además, una estrecha relación con Enric Mas, ciclista mallorquín y una de las grandes figuras españolas del pelotón internacional, que ha encontrado aquí uno de sus refugios más personales, un lugar al que regresar lejos de la exigencia de las grandes vueltas.

Ese lugar es Artà, en el extremo noreste de Mallorca. Según recoge National Geographic, la relación de Mas con el municipio quedó patente durante un encuentro con los vecinos en el anfiteatro de Na Batlessa, donde agradeció públicamente el respaldo recibido: "Es impresionante veros desde aquí y el apoyo que me dais". Más allá de ese vínculo personal, la localidad tiene suficientes argumentos para justificar una escapada: un casco histórico de calles estrechas y casas señoriales de piedra, la iglesia de la Transfiguración del Señor recortándose sobre los tejados y un mercado que cada martes lleva productos locales y artesanía al corazón del pueblo. Es la antesala de un entorno en el que la sierra y el Mediterráneo quedan a muy poca distancia.

Un santuario sobre los tejados de Artà