No es aventurado decir que casi todo pasa en Mallorca. Porque, como observa el fotógrafo Ricardo Labougle, la más grande de Baleares “es casi como un continente”. Lo cierto es que la isla tiene montañas que se cubren de nieve en invierno y playas de aguas turquesas que nada tienen que envidiar a las del Caribe. Además de acantilados, bahías, cabos, valles, llanuras, pueblos diminutos y ciudades tan espléndidas como Palma. Pero sobre todo, Mallorca, como señala Labougle, “posee una riqueza cultural excepcional, fruto de un legado de siglos de invasiones y de diferentes pobladores. Siempre ha sido la más rica e importante del archipiélago y su identidad arquitectónica es un mundo aparte: Palma, dominada por su gran catedral gótica. Las possessions de origen feudal. Los monasterios, como el de Valldemossa y el Lluc. Los jardines… La sensación es que ha pasado todo el Mediterráneo por allí”, explica el fotógrafo en conversación telefónica con el Magazine.Labougle lleva más de 25 años fotografiando interiores por todo el mundo. Nacido en Buenos Aires y afincado en España desde hace décadas, está considerado como uno de los imprescindibles dentro de este campo. Un oficio en el que, como cuenta, empezó casi por casualidad: “Primero estudié Empresariales, aunque mientras hacía la carrera también estudié fotografía, que siempre me interesó”. El bagaje estético le vino de su entorno: “Mi madre era anticuaria y también decoraba y yo trabajaba con ella mientras cursaba mi carrera. Empecé haciendo retratos pero, de repente, tuve que fotografiar una casa para una revista argentina…”El salón de la casa mallorquina del diseñador francés Alexandre de Betak, cerca de DeiàRicardo LabougleAsí fueron sus inicios que, en 1996, se transformaron en una gran oportunidad cuando hizo su primera colaboración con la revista The World of Interiors. “Esto me cambió la manera de mirar”, recuerda, “descubrí que una casa podía tratarse casi como una persona, que los muebles y los objetos, con la luz y el encuadre, podían contar una historia más allá del espacio en sí. Y que casi ni hacia falta ni retratar a sus propietarios, porque ellos están en cada mueble, en cada detalle, en cada libro… Con fotografiar la casa es suficiente”. The World of Interiors, añade, siempre apostaba por retratar casas auténticas: “Nunca fue una revista que llevara muebles para atrezzo, ni tan siquiera flores. Lo que fotografiábamos era lo que había. Para mi carrera, empezar muy pronto con The World of Interiors y descubrir esa pasión por lo auténtico ha sido fundamental”.Esta pasión es palpable en su último libro, Inside Mallorca, publicado por la editorial Vendome Press y con prólogo de Isabel López-Quesada. Esta conocida decoradora es amiga del fotógrafo y artífice de una de las diecisiete casas que se plasman en el libro, fotografiadas sin la ayuda de estilistas ni utilería. Muchas han sido inaccesibles hasta ahora, pero sus propietarios han abierto sus puertas a Labougle. En parte porque algunos son amigos suyos desde hace años. Como la diseñadora Sybilla, propietaria de Son Rullán, una casa payesa con vistas al Mediterráneo en la sierra de Tramontana, cerca de Deià, que es una de las favoritas del autor. En el siglo XIV fue un monasterio de los Templarios y hoy es un oasis de buen gusto, que respeta los elementos tradicionales de la arquitectura vernácula mallorquina, como las paredes encaladas, los muebles de obra y los pavimentos de piedras de río. “Es una joya. Creo que fue una restauración pionera en conectar la esencia de Mallorca y la idea de la tierra y sus formas orgánicas a los interiores. De alguna manera, muchos decoradores y arquitectos nuevos beben de esta casa”, dice Labougle.La terraza con vistas a la sierra de Tramontana de la casa de la galerista Marta Moriarty, otra de las villas que aparecen en el libroRicardo LabougleA Son Rullán fue invitado por Sybilla el diseñador francés Alexandre de Betak, que se quedó tan fascinado con el lugar que adquirió una propiedad en la misma zona. No ha sido el único, Labougle cuenta que Jorge Luis Borges dijo que Mallorca era un lugar “similar a la felicidad” y este atractivo no sólo seduce a hordas de turistas, sino también a un selecto elenco de personajes cosmopolitas que se han instalado aquí. Se trata de una invasión más discreta y ciertamente más sofisticada, con anfitriones que han puesto la isla aún más de moda; como el ex embajador de Estados Unidos en España, James Costos y su marido, el decorador Michael S. Smith. Su espectacular finca X’arbet, combina influencias españolas, italianas y francesas con un toque de la costa Este. Ha albergado a personalidades como su gran amiga, Michelle Obama.La casa de los marchantes de arte Hans y Caroline Neuendorf también abre las puertas a artistas con programas de residencia. Obra de los arquitectos John Pawson y Claudio Silvestrin y con evocaciones a Barragán, es una contundente demostración del poder del minimalismo. “Para hacer las fotos tuve el privilegio de pasar dos días allí. No sabía que podía vivir tan cómodo y tan feliz en una casa tan vacía; me gustó muchísimo”, dice Labougle.Un espectacular dormitorio de la Finca X’arbet, donde sus propietarios, Michael S. Smith y James Costos, han recibido a Michele Obama, entre otrosRicardo LabougleLa casona nada tiene que ver con otra de las favoritas del fotógrafo, la idílica Can Dionis, la acogedora residencia de la galerista Marta Moriarty con un frondoso jardín. Ni con algunas de las históricas possessions -las casas de campo mallorquinas- que también aparecen en el libro. Algunas son casi castillos, como Defla (“adelfa” en árabe), la impresionante finca amurallada de los condes de España en Sineu. O Sa Bastida, restaurada de forma meticulosa por el arquitecto Luis Laplace. Sin olvidar Son Berga Nou, que la familia de María Zaforteza, condesa de Deleytosa, posee desde hace dos siglos. Por supuesto, en el libro hay también casas mirando al mar: frente a la cristalina bahía de Formentor, en la costa de los Pinos y en la Serra de Tramontana, donde se ubica la vivienda del fotógrafo Francesco Venturi y la modelo Celia Forner. A su manera, cada una de estas casas reflejan la idea que Labougle tiene del lujo: “Vivir rodeado de naturaleza, silencio y vistas, pero especialmente, de cosas bonitas que te han acompañado en tu vida”.