El equipo de Mourinho se impone en un partido desconcertante en el que lució poco juego, castigó dos errores de los italianos, sobrevivió sostenido por las paradas de Courtois, desperdició ocasiones y sufrió al final

El Real Madrid perdió el viernes contra el Betis su mejor partido y ganó contra el Inter el peor, una función desorientada y desesperante en la que se vio dominado por los italianos y sostenido por Courtois. El equipo de Mourinho se adelantó castigando dos fallos del Inter con sendos goles de Mbappé y Valverde y luego acumuló su propia colección de fallos ante la puerta de Josep Martínez, una colección nutridísima. Y así comenzó el Real su camino en la Champions con una victoria difícil de deducir de lo que vio y sintió el Bernabéu, pero que vale los mismos tres puntos que se le escaparon en La Cartuja en Liga.

Para el Madrid, el partido parecía un experimento, la prueba de un concepto disparatado en los tiempos en los que el fútbol es de los centrocampistas. ¿Qué sucede si se juega sin centro del campo? Entre finales de lesiones (Tchouameni y Thiago) y sanciones (Camavinga, Güler y Bernardo), a Mourinho solo le quedaba Valverde. Sobre la pizarra, le puso al lado a Trent, pero el inglés transparentaba. Y lo que sucede si se juega sin centro del campo es lo que vio el Bernabéu, donde el Madrid se derritió desde el principio ante un Inter que contaba con Barella, Çalhanoglu y Curtis Jones para manejar una parcela a la que el pelotón del portugués renunció desde el comienzo. Y renunciar a esa franja de hierba significa renunciar a la pelota.