El Gobierno de Donald Trump ha elevado la presión sobre Ford por sus alianzas con empresas chinas y ha puesto expresamente el foco en el acuerdo alcanzado con Geely para fabricar vehículos en la planta de Almussafes (Valencia) entre las operaciones cuestionadas. Washington considera que la estrategia del fabricante estadounidense está incrementando su dependencia de compañías que identifica como competidores estratégicos y advierte de los riesgos que esta situación supone para la seguridad nacional.

El secretario de Transporte de Estados Unidos, Sean Duffy, ha trasladado estas críticas en una carta dirigida al presidente y consejero delegado de Ford, Jim Farley, en la que reclama a la compañía que reduzca sus vínculos con algunas de las principales empresas automovilísticas y tecnológicas de China.

«Cuando una empresa decide deliberadamente aumentar su dependencia operativa de competidores estratégicos, deja de ser el socio fiable que el público estadounidense y este Departamento de Transporte requieren», señala Duffy en la misiva.

El Gobierno estadounidense sitúa entre los acuerdos que generan «profunda preocupación» la colaboración de Ford con el fabricante chino de baterías CATL, así como sus relaciones con los grupos automovilísticos Geely y BYD. Para Washington, estas alianzas pueden comprometer la posición industrial y tecnológica de Estados Unidos frente a China.