A unos 100 kilómetros de Madrid, en el término municipal de Saelices (Cuenca), se conserva uno de los conjuntos arqueológicos romanos más importantes de la Meseta. Segóbriga permite recorrer los restos de una ciudad sin que ninguna localidad moderna se haya superpuesto al antiguo núcleo urbano, una circunstancia que facilita la comprensión de su trazado y de sus principales edificios públicos. A ello se suma el paisaje que rodea el cerro de Cabeza de Griego, prácticamente intacto desde época romana y clave para contextualizar la ciudad, sus espacios extramuros y el territorio circundante.

La historia del enclave comenzó antes de Roma. En el cerro existió inicialmente un castro celtibérico que, después de la conquista romana a comienzos del siglo II a. C., evolucionó hasta convertirse en una ciudad. Tras las guerras sertorianas, hacia el 70 a. C., Segóbriga pasó a controlar un amplio territorio de esta parte de la Meseta y alcanzó tal relevancia que Plinio el Viejo se refirió a ella como caput Celtiberiae. Su gran transformación urbana llegaría en época de Augusto, cuando obtuvo la condición de municipio latino y comenzó el proceso de monumentalización que configuró buena parte de la ciudad romana.