Cuando pensamos en Ávila, lo habitual es imaginar inmediatamente sus murallas medievales, su casco histórico o los paisajes de la Sierra de Gredos. Sin embargo, mucho antes de que la ciudad amurallada alcanzara su esplendor, estas tierras ya estaban habitadas por pueblos que dejaron una profunda huella en la historia peninsular. A pocos kilómetros de la capital existe un lugar capaz de transportar al visitante más de dos mil años atrás. Entre encinas centenarias y suaves ondulaciones del terreno se esconde uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del interior de España, un enclave donde las excavaciones sacaron a la luz más de 2.200 tumbas antiguas y permitieron reconstruir la vida de una de las culturas prerromanas más relevantes de la Meseta.
La Mesa de Miranda, uno de los grandes enclaves de los vetones
El protagonista de esta historia es la Mesa de Miranda, un castro situado en el municipio abulense de Chamartín. Descubierto a comienzos del siglo XX, el yacimiento ha sido objeto de numerosas investigaciones arqueológicas que han permitido conocer mejor la cultura de los vetones, un pueblo prerromano que ocupó amplias zonas de las actuales provincias de Ávila, Salamanca, Cáceres y Toledo antes de la llegada definitiva de Roma.







