La huella de Roma en España es mucho más extensa que los monumentales vestigios en Mérida, Segovia, Santiponce (Sevilla), Tarragona, Cartagena o Lugo, entre otros. El Imperio dejó semillas en centenares de pueblos diseminados por toda la geografía española que configuran gran parte de la sociedad actual. “Es una civilización que va mucho más allá del circo, las fieras y las orgías”, ironiza el investigador y director de Clunia Sulpicia (Peñalba de Castro, Burgos), Miguel Ángel de la Iglesia, en referencia a los estereotipos más indelebles de Roma. Pueblos que hoy conforman la conocida como España vaciada fueron hace 2.000 años centros administrativos, económicos, culturales y sociales fundamentales para el Imperio. Ahora, estas localidades, algunas con menos de un centenar de habitantes, se aferran a este glorioso pasado para recuperarlo como motor de desarrollo, más allá de los festivales.Clunia Sulpicia es precisamente uno de estos ejemplos. Este enclave, que fue conventus (centro administrativo y judicial) romano, está situado junto a una población con unas 70 de personas censadas de las que solo la mitad reside de forma habitual. Pero llegó a tener 30.000 vecinos y un teatro con capacidad para 10.000 espectadores. Desde el comienzo se entendió que la monumental rehabilitación quedaba incompleta si se limitaba al recinto arqueológico.Por eso se proyectó junto al recinto un nuevo centro, radicalmente contemporáneo, que sirviera de motor revitalizador de la zona. Este complejo, que ha sido distinguido con el Premio de Arquitectura de Castilla y León que concede el colegio profesional leonés, fue ideado por la onubense Mercedes Linares y el sevillano Antonio Tejedor, ambos arquitectos, profesores en la Universidad de Sevilla y coautores del Centro de Visitantes del Teatro Romano de Málaga.“Es un dispositivo territorial”, detalla Linares para destacar su concepción como instrumento de desarrollo y centro histórico y cultural en relación perfecta con el territorio. Su diseño responde, según añade Tejedor, a un “pedestal” de la peña bajo la que se asienta y que conforma un monumento natural por sí solo. Todos los elementos interiores y exteriores enlazan con la historia de Clunia Sulpicia y con la tierra que los cimenta, desde el origen de las maderas (pino soriano) a las láminas de agua que vinculan el espacio con las pozas y cuevas que dieron vida a la ciudad. El coste de la obra ha sido de 4,6 millones de euros.Miguel Ángel de la Iglesia, además de director de Clunia Sulpicia es integrante del Laboratorio de Paisaje Arquitectónico, Patrimonial y Cultural. Su grupo ha sido responsable de la restauración canal romano de Yeres, también distinguido con el Premio de Arquitectura de Castilla y León. Con una inversión mínima de 160.000 euros, consiguieron la puesta en valor de 500 metros de un canal fundamental en la mina de oro romana de Las Médulas, declarada patrimonio mundial en 1997.“El centro de visitantes de Clunia Sulpicia es el punto final de un proceso que nace con un plan director que desarrolló el Laboratorio de Paisaje. Elementos como estos son motores de desarrollo rural, puntos de referencia que atrae a la población”, explica el arquitecto, quien resalta un cambio de tendencia en la zona, con la vuelta de muchos emigrantes tras su jubilación. Para ellos, para los potenciales visitantes y para el tejido empresarial, educativo y social de la zona se creó el nuevo complejo. “Organizamos cursos y tenemos intención de usar el edificio no solo para quien va a visitar el yacimiento sino como centro cultural, social y económico. Si se quieren reunir los bodegueros o hacer una pequeña celebración, se puede usar el salón de actos o las aulas”, precisa Iglesias, quien cree que hay mucho más potencial que la organización de los tradicionales festivales.Se trata de sumar usuarios a un yacimiento que ya cuenta con adeptos, en su mayoría con un interés arqueológico y cultural. “Queremos enseñar a la gente que lo que está viendo es mucho más. Clunia tenía juzgados, registros, acogía asambleas de las ciudades de la zona, se decidían impuestos, había artistas… todo eso que tiene la civilización romana, además de juegos, teatro y carreras de caballo”, relata De la Iglesia.A-RomaEste proyecto aspira a ser el germen de una red, inicialmente regional, de la mano de la gerente de la Fundación Las Médulas, Marián Revuelta, quien promueve el proyecto A-Roma (originalmente denominado Huellas de Roma), que pretende aglutinar los bienes patrimoniales de época imperial más relevantes de la comunidad para unificar criterios de conservación, gestión y promoción. Castilla y León cuenta con más de 2.600 Bienes de Interés Cultural (BIC), de los que 26 son ciudades, villas palaciegas, obras de ingeniería y minas de oro romanas. Dos de ellos (Segovia y Médulas) son ya Patrimonio Mundial.Es al sello que aspira Itálica, en Santiponce (Sevilla), cuya cercanía a la capital andaluza le convierte en una de las infraestructuras autonómicas con más visitantes. Sin embargo, medio centenar de kilómetros más al norte, en Villanueva del Río y Minas, se encuentra el enclave arqueológico de Munigua, una de las ciudades romanas más singulares e insólitas de la península Ibérica vinculadas a la explotación minera del hierro. La dificultad de acceso, recorriendo caminos rurales y abriendo vallados, convierten este yacimiento en una joya casi desconocida.En este sentido, Carteia, yacimiento gaditano ubicado en la localidad de San Roque, cuenta con un proyecto, en el que participan las universidades de Cádiz, Marburgo (Alemania) y Autónoma y Complutense de Madrid, para ampliar el conocimiento de la antigua ciudad romana y visualizar las principales estructuras emergentes. “Es una apuesta de la Junta por el patrimonio arqueológico como motor cultural, educativo y económico”, señala la Junta.Como estos, otros yacimientos dispersos por todo el territorio de la antigua Hispania podrían beneficiarse de iniciativas como la de A-Roma y reconvertir la Historia en palanca de desarrollo.“El modelo trata de aplicar proyectos culturales o turísticos que mejoren la empleabilidad de los territorios porque, al final, son zonas con oportunidad de empleo muy limitada. A-Roma pretende encontrar nuevos nichos de desarrollo económico a través de la cultura y de la gestión turística de esos recursos”, explica Revuelta.Por el momento son 12 los sitios adheridos a la red, aunque la meta es llegar a 17 en Castilla y León y, en el futuro, incluso traspasar las fronteras regionales. “Son bienes de interés cultural declarados o bienes protegidos con disponibilidad de apertura al público y unos entes gestores que les dan solidez”, detalla la responsable de la fundación, que ha gestado el proyecto con algo más de 200.000 euros para dos ejercicios procedentes de ayudas públicas y Caixabank.Aunque el gran incendio del pasado verano ha modificado el orden de prioridades, ya se ha comenzado a crear un “motor de reservas para comercializar producto turístico propio” y esperan la incorporación de iniciativas privadas. “Se necesita creer en el recurso y ser consciente de que se puede explotar con criterios de sostenibilidad. No es necesario tener miles de visitas al año, sino atraer a gente que pernocte, que promueva inversiones y hacer atractivo el territorio. Es cuestión de ir sumando, de hilar los recursos”, concluye Revuelta como recetario básico para rescatar los vestigios romanos y, con ellos, los pueblos que hace 2.000 años fueron piezas fundamentales del Imperio.