Construyendo ideasGuatemala no tiene un problema de exceso de transparencia. Tiene décadas de problemas por lo contrario.

En Guatemala deberíamos haber aprendido una lección hace mucho tiempo: cada vez que se hace más difícil seguir el dinero público, alguien termina aprovechándose de la oscuridad.

Por eso lo ocurrido con Guatecompras no puede verse como un simple ajuste tecnológico.

Es una de las pocas ventanas que tiene cualquier ciudadano para preguntarle al Estado algo elemental: ¿qué hicieron con nuestro dinero?

Quién compró. Qué compró. Cuánto pagó. A quién se lo compró. Quién representa a una empresa y cuánto dinero público ha recibido.