El cerebro humano no sería el resultado de una evolución por capas en la que un antiguo ‘cerebro reptiliano’ quedó sepultado bajo estructuras encargadas de las emociones y, finalmente, del pensamiento racional.Un estudio publicado en Science Advances propone una explicación diferente: la evolución habría reorganizado el cerebro mediante una competencia por espacio, energía y conexiones neuronales, en función de las necesidades de cada especie.La investigación, realizada por científicos del Instituto Tecnológico de Georgia y basada en el análisis de 182 especies, cuestiona así una idea popularizada durante décadas para explicar la supuesta pugna entre instinto, emoción y razón.Publicidad“En la década de 1950 se propuso una teoría que planteaba que el cerebro evolucionó por capas, comenzando con las funciones corporales básicas, pasando por las emociones en el cerebro reptiliano, hasta llegar al razonamiento sofisticado en los humanos”, explica Nabil Imam, profesor adjunto de la institución.“Este no es el enfoque que un biólogo evolutivo le daría al problema”, añade.En lugar de considerar que las estructuras más modernas simplemente se añadieron sobre otras primitivas, los investigadores analizaron cómo evolucionaron conjuntamente distintas redes cerebrales y cómo compiten por recursos limitados.PublicidadPublicidadEl resultado apunta a que el tamaño de la neocorteza y de las regiones vinculadas al sistema límbico puede estar relacionado con las exigencias del entorno. Cuando una de estas arquitecturas se expande, la otra tiende a reducirse.El patrón se observa también entre animales con capacidades sensoriales diferentes. El armadillo de nueve bandas, muy dependiente del olfato, presenta un sistema límbico particularmente desarrollado, mientras que el mono ardilla, que depende más de la visión, tiene una neocorteza predominante.Los investigadores reprodujeron estas diferencias mediante redes de inteligencia artificial (IA) y observaron que distintos tipos de conexiones favorecen distintas capacidades, desde procesar información visual hasta reconocer olores y almacenar recuerdos.La conclusión no elimina las diferencias funcionales entre regiones cerebrales, pero sí cuestiona la idea de que el cerebro pueda entenderse como una simple sucesión de estructuras ‘antiguas’ y ‘modernas’.Más que construir progresivamente un órgano destinado a la razón sobre uno dominado por el instinto, la evolución parece haber redistribuido sus recursos entre diferentes sistemas de cableado.El descubrimiento podría tener además una consecuencia práctica para la inteligencia artificial: incorporar arquitecturas neuronales preconfiguradas podría permitir que algunas máquinas aprendan utilizando menos datos y energía.Publicidad“Las redes neuronales artificiales actuales se entrenan con enormes cantidades de datos; se trata de un proceso de aprendizaje”, afirma Imam. “Pero el cerebro no es una pizarra en blanco que se entrena con la experiencia. Es una combinación de naturaleza y crianza, y la naturaleza es esa arquitectura preconfigurada”. (I)