0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialComienza el nuevo curso, con debates abiertos, propósitos típicos y una bajada de las hormonas de la felicidad tras las vacaciones. Y en medio de este trián­gulo de las Bermudas que nos atrapa cada año, llega una soga mayor que nos ahoga a todos. Nos da vergüenza mostrar el esfuerzo. Hace ya un tiempo nos enseñaron a tener miedo al fracaso y ahora nos enseñan algo más extraño: tener vergüenza del intento. Editamos nuestra vida y desechamos las partes más humanas: los intentos. Sergio Pérez / EfeTrueba dijo que la vida es una película mal montada y pretendemos arreglarlo. Hemos convertido en sofisticado lo que parece fácil, creando un nuevo modo de relacionarnos. “No respondas demasiado rápido; no demuestres demasiado interés; no seas demasiado entusiasta; que no parezca que necesitas ese trabajo; no enseñes cuánto tiempo te ha llevado conseguir algo”. Así hasta completar un decálogo infinito para que nadie te considere un try-hard: expresión anglosajona que se utiliza para denominar a quien se esfuerza demasiado.Los políticos, quizás deba notarse que lo intentan: rectificar, escuchar y reconocer que no se tienen todas las respuestasY para activar la simulación del “no esfuerzo” respondemos con: “Fluyó”, “se dio” o “de repente pasó”. Y me pregunto si toda esta tendencia no ha terminado contagiando a la política. Gobernar es una de las formas más exigentes de esfuerzo. Escuchar a quienes no piensan como tú. Buscar soluciones imperfectas, reconocer una medida que no ha funcionado y prometer volver a intentarlo. Pero nada de todo esto es fotogénico. Una frase contundente siempre, un culpable al otro lado para confrontar y no acordar. Nos espera el crudo invierno de reyertas y navajazos verbales.La política ha aprendido rápido y compite por nuestra atención. Señalar culpables en apenas segundos cabe mucho mejor en un titular, en un tuit o en un vídeo que compartimos seguramente antes de haber terminado siquiera de oírlo.Y resulta paradójico que todo ocurra en septiembre, el mes de volver a intentarlo. Cuando pedimos más esfuerzo: a los niños que estudien, que escuchen. A los adultos que vuelvan al trabajo con ganas y nuevos objetivos. ¿Y nuestros políticos? Quizás deban dejar el fluir para otros y que vuelva a notarse que lo intentan: rectificar, escuchar y reconocer que no se tienen todas las respuestas. Aunque cueste, aunque no fluya, aunque se conviertan en un try-hard.