Una persistente sequía desde primavera y las altas temperaturas durante los meses estivales están golpeando con fuerza la viabilidad de las granjas ganaderas del norte de España. Principalmente, las que se dedican a la ganadería extensiva. Muchas de ellas, ante la falta de pasto, ya han tenido que comenzar a tirar de los forrajes guardados para el invierno y, si se gastan en verano, tienen que ir a comprar a un mercado con los precios disparados. La sequía no es algo que afecte solo a los productores españoles, sino que en Francia, Alemania o Suiza la situación es muy similar y se compite por el mismo producto. La derivada: muchas de estas explotaciones se están planteando vender animales ante la imposibilidad de mantenerlos.
“Hay granjas que van a tener que reducir el número de animales porque la situación es inviable”, asume Isabel Villalba, ganadera gallega y responsable de vacuno de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG).
Esta organización agraria ha puesto de relieve que Galicia, Asturias, Cantabria, Euskadi y Navarra “sufren una crisis forrajera grave” tras vivir el julio más seco desde el año 1961. Eso ha provocado que los costes de los ganaderos, de media, hayan aumentado un 30%, por lo que instan a las diferentes administraciones –autonómicas y al Ministerio de Agricultura– a poner en marcha ayudas urgentes para la compra de forraje. También, líneas de crédito, adelantar la entrega de los fondos de la PAC, el suministro urgente de agua y la declaración de zona catastrófica para las comarcas más afectadas por la sequía.







