Pérdidas en la producción, problemas de fertilidad, falta de pastos y agua o mayor índice de mortalidad son algunas de las consecuencias para los animales de las altísimas temperaturas que sufre todo el territorio nacional y que están afectando directamente a los ganaderos de Castilla-La Mancha sin excepciones, desde el vacuno de leche, la avicultura, el ovino o a la apicultura.

El calor “afecta directamente al bolsillo”. Es el resumen que hace de la situación César Gómez, un ganadero de Velada en la provincia de Toledo que tiene una explotación de 360 cabezas de vacas de raza frisona-holstein para la producción de leche.

El sector lechero es uno de los que más sufre estas oleadas de intensidad térmica. “El calor nos afecta muchísimo porque las altas temperaturas lo que provoca es una bajada de la producción de leche, y nosotros vivimos de eso”, asegura.

La raza frisona se refiere a un tipo de vaca que fue seleccionada en Países Bajos y Alemania porque es “más lechera del mundo”, pero está acostumbrada a temperaturas más bajas. Cuando sube el calor, “el animal baja la producción mucho porque está pendiente de regular su temperatura corporal y, como consecuencia, ingiere menos materia seca, porque comer más lo que hace es subir su temperatura”, señala. Y si come menos, también produce menos leche. “Los animales se pasan todo el día jadeando, intentando regular su temperatura y no comen”.