0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialYa no puede uno ni dejar una propina en los restaurantes y quedar como un señor (un señor mayor). Para mi sorpresa, varios establecimientos este verano han rechazado añadir la propina a la cuenta, al ver que presentaba una tarjeta de crédito. Al parecer, entre perder el bote o enfangarse con Hacienda, prefieren lo primero.–Pues no llevo billetes...–No se preocupe, se agradece igual. Mané EspinosaA simple vista, el cliente sale ganando porque ahorra unos euros, queda la mar de bien y se marcha con la conciencia tranquila. ¡A saber qué les exigirá la administración para que prefieran renunciar a lo que constituía un sobresueldo algo canalla, de esos que escapaban a la llamada economía familiar consistente en la entrega íntegra del sueldo a la esposa!El caso es que irse de un restaurante donde te han servido bien sin dejar propina afecta a mi bienestar emocional, porque es el fin de otra costumbre anacrónica y somos una suma de anacronismos. Ya sé que el remedio es sencillo –llevar billetes en la cartera–, pero entonces quedas mafioso o más antiguo que el baúl de la Piquer, gran artista y mejor persona.Algunos restaurantes declinan añadir la propina cuando pagas con tarjetaLa propina llegó a ser en este país una fiesta nacional. El elenco de profesionales que la esperaban era amplísimo: desde el butanero hasta el sepulturero, de la señora del guardarropía al acomodador del teatro, de la astilla del funcionario al empleado del meublé que solícito instruía en los juegos lumínicos y otras bagatelas. Ya solo queda la restauración y pronto ni eso.Aunque el país del mundo donde mejor sirven al cliente sea precisamente el que siempre rechazó la propina (Japón), dar bote permite ejercer la generosidad. ¿Dónde se ha visto dar más de la cuenta no por obligación sino por gusto? Porque sí, porque me da la gana.No todo el mundo llorará el fin de la propina, en el horizonte, y mucho menos los ratas que dejaban céntimos, cosa insultante para quienes los reciben. El punto de la propina permite saber mucho de quien la da y rubrica una buena comida, ese acto de civilización donde la amistad se fortalece, los amores empiezan, los negocios se cierran y el mundo nunca acaba.Nacido en Barcelona, licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra y becado un curso en la Missouri-Columbia University, entró en 'La Vanguardia' en 1982, donde ha hecho casi de todo. Corresponsal en Hong Kong (1987-1993), Washington (1993-96) y París (1996 al 2000). Ha cubierto tres elecciones presidenciales en EE.UU., tres en Francia, las guerras de Kuwait, Irak, Ucrania y Gaza, los funerales de Hiro Hito, Rajiv Gandhi, Deng Xiaoping, Nixon o Hassan II, el 11-S de Nueva York, el accidente nuclear de Fukushima así como tres mundiales de fútbol y los JJ.OO de Seúl, Barcelona, Atlanta y Atenas. Redactor jefe de Internacional y actualmente articulista del diario. Ha perpetrado tres libros: 'Menuda tropa', 'Esta ronda la pago yo' y 'Cuando de dejan'.
El declive de la propina, por Joaquín Luna
Ya no puede uno ni dejar una propina en los restaurantes y quedar como un señor (un señor mayor). Para mi sorpresa, varios establecimientos este verano han rechazado añadir la propina a la cuenta, al ver que presentaba una tarjeta de crédito. Al parecer, entre perder el bote o...







