Robots en bares piden propina en pantalla y abren un debate sobre quién se queda con el dinero - crédito Archivo InfobaeLa llegada de robots a bares y cafeterías está transformando la experiencia de pedir una bebida, pero también ha encendido un debate global: ¿tiene sentido dejar propina a una máquina? Lo que parecía una rareza tecnológica en lugares como Las Vegas y Nueva York se está expandiendo hacia otras ciudades y países, impulsando preguntas sobre el futuro laboral, la justicia salarial y la ética de la automatización en el sector servicios.PUBLICIDADEl fenómeno de las propinas para robots desafía las reglas tradicionales de la industria y refleja las tensiones entre innovación, reconocimiento y transparencia. Hoy, la decisión de dejar o no una propina a un robot comienza a definir nuevas normas en un sector marcado por la búsqueda de eficiencia y la digitalización acelerada.Bares con brazos robóticos convierten la novedad en experiencia, pero al cerrar el pago aparece la solicitud de gratificación, un choque cultural que reabre discusiones sobre salarios bajos, ética de la automatización y el rol del consumidor en la economía digital - REUTERS/Issei KatoCómo fue registrado en un artículo de la BBC, en bares como The Tipsy Robot en Las Vegas, los brazos robóticos que preparan cócteles son parte del atractivo. Sin embargo, tras finalizar el pedido, las pantallas digitales suelen pedir una propina, incluso cuando no interviene personal humano en la entrega. PUBLICIDADSegún representantes de estos locales, el dinero recaudado se reparte entre los trabajadores, pero no existe una normativa clara que lo garantice.La profesora asociada Holona Ochs, de la Universidad de Lehigh y coautora del libro “Gratuity”, advierte que la falta de una regulación específica sobre las propinas en sistemas automatizados genera incertidumbre, ya que no siempre queda claro si el dinero recaudado beneficia realmente a los empleados o es retenido por las empresas. PUBLICIDADPantallas y terminales normalizan pedidos de gratificación con porcentajes sugeridos cada vez más altos, lo que algunos clientes perciben como “chantaje emocional”, mientras la motivación clásica de premiar atención personal pierde sentido frente a sistemas robotizados - EFE/EPA/DANIEL IRUNGU