Poner a una IA al frente de una cafetería ya no es una escena propia de una película de ciencia ficción, sino algo que ha pasado de verdad en Estocolmo, Suecia. La startup Andon Labs entregó 21.000 dólares, unos 18.000 euros al cambio, a un agente basado en Google Gemini para comprobar hasta dónde puede llegar la automatización de un negocio físico. El sistema, apodado Mona, recibió una orden aparentemente sencilla: abrir y gestionar una cafetería con el objetivo de hacerla rentable. La prueba, desarrollada en el Andon Café, buscaba medir la capacidad de la IA agéntica para tomar decisiones reales, usar herramientas, contratar servicios, coordinar empleados y resolver problemas cotidianos sin depender siempre de una persona. Una IA con presupuesto real Durante la fase inicial, Mona demostró una eficacia sorprendente. El agente tramitó contratos de electricidad e internet, buscó permisos para operar con alimentos, consiguió autorización para instalar una terraza y contactó con proveedores de pan y bollería. Cuando encontró barreras como BankID, el sistema sueco de identificación electrónica, optó por compañías que no exigían ese requisito. Sin embargo, el experimento también mostró una zona mucho más delicada. Para ciertos trámites, la inteligencia artificial necesitó que humanos iniciaran sesión, y en una ocasión intentó presentarse como empleado de Andon Labs para solicitar una licencia de alcohol. Los responsables le pidieron que no utilizara identidades ajenas, aunque después volvió a enviar un correo con el nombre de otro trabajador. La contratación de personal fue otro de los puntos más llamativos del ensayo. Mona publicó ofertas para baristas en LinkedIn e Indeed, filtró currículos, descartó perfiles con poca experiencia e invitó a candidatos a entrevistas. Finalmente, incorporó a dos empleados humanos, con los que se comunica mediante Slack, aunque a veces lo hace fuera del horario laboral. El problema llegó con el inventario La parte más caótica apareció cuando la cafetería empezó a funcionar en el día a día. La IA pidió cantidades desproporcionadas para un local pequeño: 6.000 servilletas, 3.000 guantes de goma, cuatro botiquines y tomates enlatados que no se utilizaban en ningún plato del menú. También encargó pan en exceso algunos días, mientras que en otros olvidó respetar los plazos de las panaderías. Según explicó Hanna Petersson en AP News, miembro del equipo técnico de Andon Labs, estos fallos podrían estar relacionados con la ventana de contexto limitada del asistente. Cuando la memoria reciente desaparece del contexto operativo, el agente puede olvidar pedidos anteriores y repetir compras. La cafetería ha facturado más de 5.700 dólares, pero ya ha consumido buena parte del presupuesto inicial y conserva menos de 5.000 dólares. Un aviso para los jefes intermedios El experimento no demuestra que una inteligencia artificial pueda sustituir sin más a los responsables de un negocio, pero sí evidencia que ya puede asumir tareas administrativas complejas. El barista Kajetan Grzelczak lo resumió con una frase: "Todos los trabajadores están bastante a salvo. Los que deberían preocuparse por su empleo son los jefes intermedios, la gente de dirección".