Imagen es percepciónLa guerra híbrida combina sabotajes, ciberataques, desinformación y operaciones encubiertas para debilitar al adversario sin llegar a una guerra convencional.

En menos de un mes, dos incidentes encendieron las alarmas en Alemania. Un dron cargado con explosivos apareció en el aeropuerto de Leipzig/Halle, y Berlín acusó directamente a la inteligencia rusa. Moscú lo negó. Días después, una explosión en la estación central de Augsburgo dejó dos heridos. Aunque Alemania no ha vinculado este segundo episodio con Rusia, ambos ocurren en medio de una creciente amenaza contra infraestructura estratégica europea que ya tiene nombre: guerra híbrida.

La creciente tensión entre Alemania y Rusia debe observarse desde esa perspectiva. Berlín ha endurecido su posición frente a Moscú y considera que las amenazas contra Europa ya no se limitan al territorio ucraniano. Alemania, que durante décadas ha sido prudente en asuntos militares, está acelerando su rearme fortaleciendo sus capacidades defensivas y preparándose para un escenario que hasta hace pocos años parecía improbable: una confrontación prolongada con Rusia.

Reducir lo que ocurre a un enfrentamiento entre Berlín y Moscú sería un error. Alemania es miembro de la Otán y una de las principales potencias económicas y políticas de Europa. Cualquier operación rusa suficientemente grave contra territorio alemán podría transformar inmediatamente un problema bilateral en una crisis de toda la Alianza atlántica. Ahí aparece el concepto que probablemente definirá esta etapa, la guerra híbrida. Rusia no necesita invadir Alemania para ejercer presión sobre ella. Puede utilizar operaciones cibernéticas, sabotaje de infraestructura, interferencias en comunicaciones, desinformación o acciones encubiertas cuya autoría resulte difícil demostrar.