Está claro que Pedro Sánchez sabe defenderse. Sus intervenciones de este jueves en el Congreso nos han mostrado a un político en plena forma, con enorme capacidad para argumentar, dejando muy pequeño al líder de la oposición. Pero esta vez eso no es suficiente. La crisis de Ceuta ha dejado al gobierno de coalición sumido en un marasmo del que parece imposible salir. Porque el golpe que le ha propinado Marruecos es tremendo y lo ha dejado desnudo en medio de la nada, porque Sánchez mismo y varios de sus ministros han cometido graves errores de gestión y, lo que es peor, porque no han sido capaces de transmitir a los habitantes de Ceuta y de toda España la seguridad de que Marruecos no va a terminar haciéndose con ese territorio.

En esas condiciones, y a menos que se produjera un milagro impensable, en un inmediato futuro habrá que asistir a la convocatoria de elecciones. ¿Porque alguno de los socios del gobierno le retire su confianza y lo deje en minoría, sin comprometerse necesariamente a apoyar a la derecha? ¿Porque los propios socialistas arrojen la toalla? ¿Por otras vías? Habrá que verlo. Lo que parece muy difícil, si no imposible, es que Sánchez y los suyos prosigan su andadura sin que cada día surja un conflicto grave, o insuperable, que sugiera a todo el mundo que lo mejor es cortar y empezar de nuevo.