3 de septiembre, 2026 - 06h00Quienes no cumplimos con ninguna función pública y somos ciudadanos interesados en el devenir de la sociedad, tanto a nivel nacional como internacional, podemos llegar a pensar que nuestras aproximaciones a la realidad social son infructuosas al no conllevar transformaciones inmediatas del statu quo. Sin embargo, nunca es así. El pensamiento, las ideas, el diálogo y el debate tienen su propio espacio y aportan a la transformación anhelada.Es probable que la categoría de la acción sea considerada más eficiente que las ideas y las propuestas. Desde un cierto enfoque, la acción podría parecer la alternativa de efectividad por excelencia. Esa comprensión de las cosas tiene sentido. También lo tiene la potencial naturaleza pragmática de la dimensión conceptual, doctrinaria e intelectual.Las ideas han incidido de manera determinante en la conformación de las realidades históricas. El pensamiento religioso de todos los tiempos ha condicionado las estructuras civilizatorias. El cristianismo ha influido durante dos mil años en la sociedad mundial y especialmente en las naciones que han adoptado sus enseñanzas como modelos a seguir. Las doctrinas religiosas generan mensajes y exhortos que forman parte de la cultura de los pueblos e intervienen en las formas de vida que adoptan. No necesitan pasar a la acción porque su mensaje es el que fundamenta e inspira el derrotero que siguen los pueblos. Su potencia se encuentra precisamente en la propuesta y en su condición de ser fuente de inspiración para la política, la economía y las demás categorías de la vida social.Sucede lo mismo con las doctrinas que no son religiosas. Las ideas socialistas, comunistas, capitalistas, liberales, humanistas y otras siguen inspirando. Tal vez, porque las urgencias de cambios sociales son tan preciadas y están tan presentes en nuestra conciencia, podrían llevarnos –las ideas– a una cierta impaciencia frente a lo que consideramos debe mejorarse en muchos de los aspectos de la vida social. Esa reacción es legítima, pero no anula el valor de los conceptos y de las ideas puras, si cabe la expresión.En este ámbito se encuentra la opinión de la gente y la de quienes escriben y comentan las vicisitudes de personajes de la realidad. En esos mismos espacios también se analizan las estructuras políticas, jurídicas, culturales y otras, sin que necesariamente se opine sobre sus actores.Es por el peso de estas corrientes de opinión que las ideas ciudadanas terminan confrontando y en ocasiones transformando la gestión pública. Escribo sobre esta temática como reacción a algunas decisiones de la administración municipal de Cuenca, que anuncia procesos de control de resoluciones tomadas respecto a la concesión de permisos de construcción o autorizaciones de intervención urbana en la ciudad. ¡Enhorabuena! Antes de esta noticia, ciudadanos y gente que hace opinión formal ya se habían manifestado sobre el descontrol que la voracidad del mercado inmobiliario provoca en nuestra querida urbe. Las ideas sobre la ciudad, cuyo origen es el compromiso con el bienestar común, la preservación y la sostenibilidad, son necesarias. Acá las tenemos y las cultivamos. (O)
Juan Morales Ordóñez: Las ideas y la ciudad | Columnistas | Opinión
Las ideas sobre la ciudad, cuyo origen es el compromiso con el bienestar común, la preservación y la sostenibilidad, son necesarias.








