¿Tienes preguntas sobre nutrición? Envíanoslas a comer@lavanguardia.es, nuestro nutricionista Aitor Sánchez resolverá todas tus dudas.¿Cómo puedo ganarle al hambre emocional y la ansiedad de volver a la rutina? (Núria Riera, lectora)Cuando pasamos de un periodo de descanso como las vacaciones a esa exigencia del día a día, es normal percibir esa transición como una amenaza o una pérdida de libertad, pudiendo elevar los niveles estrés que además se van a unir a los propios del trabajo.Para compensar ese malestar rápido, nuestro cerebro puede buscar refugio en la comida, especialmente en alimentos ricos en azúcares y grasa, ya que generan una sensación de placer instantánea. Es un mecanismo muy frecuente de regulación emocional, y que además está todavía más presentes en culturas en las que giramos alrededor de la comida.Para diferenciar el hambre real del impulso emocional, la clave está en aprender a observarnos. El hambre física aparece de forma gradual, tolera esperar y se satisface con cualquier alimento, mientras que el hambre emocional es repentina, urgente, busca unos alimentos específicos y puede ir acompañada de culpa posterior si no se maneja bien. Una estrategia efectiva para romper este bucle consiste en aplicar la “regla de los diez minutos” cuando sientas ese impulso irrefrenable, concédete un margen de tiempo realizando otra actividad. Al distanciar el estímulo de la respuesta, permites que la ola de ansiedad pierda fuerza y la decisión vuelva a estar bajo tu control.Para prevenir episodios de ansiedad, ve ajustando los horarios de sueño y comidas unos días antes para no enfrentarte a un cambio brusco, e intenta incluir en la rutina actividades placenteras distintas a la comida. Los alimentos deben seguir siendo una fuente de placer, pero nunca nuestra única herramienta para gestionar el estrés. Realizar actividad física de manera regular, además suele ayudar mucho.El hambre emocional y la ansiedad asociada a la vuelta a la rutina son respuestas habituales de nuestro cerebro ante el estrés y los cambios de ritmo, aunque no deberíamos normalizarlos si se sostienen en el tiempo o si no podemos gestionarlos dentro de límites asequibles. En esos casos, lo mejor es pedir cita con psicología para que nos ayude a tratarlo.Lee tambiénVerduras y hortalizas congeladas Getty Images¿Qué alimentos clave o básicos congelados deberías comprar ya para tener una despensa saludable de emergencia? (Mariona Colom, lectora).Tener el congelador bien equipado es una buena estrategia para comer saludable cuando no hay tiempo o ganas de cocinar. Al contrario de lo que se suele pensar, los alimentos ultracongelados mantienen prácticamente intactas sus propiedades nutricionales, duran meses y evitan el desperdicio de comida. Además a menudo son más económicos que la versión fresca. Desgraciadamente seguimos teniendo un poco de sesgo de esa época en la que lo más presente en los congelados era comida no muy saludable.Para cubrir las verduras y hortalizas, conviene contar con un básico de espinacas o acelgas en porciones, fáciles de integrar en otros platos sin necesidad de picar. También son buena idea el brócoli, la zanahoria, la coliflor, las alcachofas, las coles de bruselas y las judías verdes para guarniciones rápidas al vapor o la air fryer, junto con pimientos a dados y cebolla picada, que sirven como base instantánea para cualquier sofrito, al que podemos añadir tomate triturado en conserva. Existen también mezclas de varias verduras tipo menestra o incluso bolsas de salteados o verduras a la brasa que pueden ser útiles. Fíjate que solo contengan las verduras o en todo caso, algo de aceite de oliva.En cuanto a las proteínas, tenemos todo tipo de pescados ultracongelados en filetes listos para cocinar al vapor o a la sartén. También gambas, calamares o mejillones son buenas opciones. Evitando los rebozados, varitas y nuggets, tanto de carne como de pescado. Para una alternativa vegetal rica en proteínas, el edamame está en cualquier supermercado y también es fácil encontrar garbanzos y otras legumbres congeladas como habas o garrafones, aunque es igual de útil la versión en conserva. En tiendas especializadas podemos encontrar también análogos de carne congelados tipo “pollo” que son muy buena opción y algunas hamburguesas vegetales aceptables. Y por supuesto, los siempre socorridos guisantes.Podemos completar el congelador con fruta congelada, como los frutos rojos, las fresas o el mango, ideales para añadir a yogures o porridges de desayuno sin riesgo de que se estropeen en la nevera. Es buena idea tener pan 100% integral ya rebanado, lo que permite sacar y tostar directamente solo la porción que vas a consumir en el momento sin preocuparte de que se te ponga duro. Como carbohidrato congelado es una buena idea el maíz en mazorcas o en grano y también se encuentra hoy en día arroz ya cocido y por supuesto patatas, aunque mejor que no sean prefritas y que las terminemos al horno en lugar de en la freidora.