Dolores, una mujer de 94 años, enfrenta el verano con ciertas condiciones que le limitan y, además, el calor extremo le pasa factura: “Me quedo atontada, me cansa muchísimo, apenas como y me paso todo el día bebiendo. No hago nada y las piernas se me inflaman”, expresa con cansancio y agobio. “Mi casa no baja de los 30º-32º grados”.
Ella no puede salir sola a la calle, a lo que se suman sus problemas cardiovasculares. Cristina, de la ONG Grandes Amigos, se encarga habitualmente de sacar a Dolores a pasear: “Cuando estoy acompañada, saco fuerzas de flaqueza. Necesito compañía, la soledad es lo que me mata”. “Aunque me sacan poco, cuando lo hacen y veo un arbolito, me quedo encantada, porque en mi barrio no hay ninguno”, explica. El problema en este largo verano, que comenzó con temperaturas estivales en marzo, que se alargan a septiembre, lo tiene claro: “Hace mucho calor para salir al parque”. La propia Agencia Estatal de Meteorología ha advertido que los termómetros marcarán a partir de este miércoles registros “muy altos para la época del año”.
La rutina de Dolores se trastoca con las altas temperaturas. Aunque con el frío sale más a comprar o a dar un paseo, lo que le permite socializar más en las tiendas y con los vecinos, estos últimos meses ha tenido que readaptarse. “Escribo en el ordenador, leo libros y hago cosas que me gustan”, explica optimista. Pero siempre en el interior de su casa, donde vive sola.






