Opini�nP�rez-Reverte fij� a fuego unos c�nones quiz� ya definidos antes por otros artesanos del oficio como Manuel Leguineche o su admirado Jean Lart�guyEl columnista de EL MUNDO, durante su etapa como corresponsal de guerra de TVEActualizado Martes,

septiembre

22:43Not�bamos el cortisol sali�ndonos por las orejas. El cuerpo detecta antes que la cabeza cu�ndo has cruzado una l�nea que no deber�as traspasar. Ni los p�jaros cantaban. El sonido de un dron interrumpi� ese silencio inquietante. Un cuadric�ptero ruso armado con una carga explosiva se coloc� sobre nosotros y nos mir� durante los 30 segundos m�s largos de nuestras vidas. Mi traductor quiso correr hacia los �rboles, pero el soldado ucraniano que nos acompa�aba hizo un gesto con la cabeza para que se quedara quieto. El piloto de dron, por razones que jam�s conoceremos, no quiso matarnos aquel d�a. Cuando por fin nos movimos, nuestros pies pisaron cristales rotos. Entonces record� que todo esto ya lo hab�a le�do: "Territorio comanche es el lugar donde el instinto aconseja dar media vuelta y se camina escuchando los cristales rotos bajo las botas". S�, Arturo estaba all�.La generaci�n de reporteros que nos destetamos con las cr�nicas de Arturo P�rez-Reverte descubrimos sobre el terreno que �l ya hab�a estado all� antes que nosotros. No s�lo f�sicamente -en el L�bano, en el Sahara, en los Balcanes, en Cisjordania-, sino ling��stica y conceptualmente. Que las palabras que necesit�bamos para explicar el horror de lo que ve�amos ya exist�an, acu�adas con precisi�n quir�rgica en alg�n hotel sin agua caliente de Sarajevo, en alg�n control de carretera sin nombre del L�bano o en la selva de Angola. P�rez-Reverte fij� a fuego unos c�nones quiz� ya definidos antes por otros artesanos del oficio como Manuel Leguineche o su admirado Jean Lart�guy. Los soldados siguen hoy fumando en las trincheras con la brasa oculta en la palma de su mano, el frente sigue teniendo un olor inconfundible a goma quemada, metal derretido y basura vieja y siempre queda champ�n en los bares de las ciudades en guerra.A veces, en un hospital de campa�a lleno de mutilados, un cementerio con cientos de tumbas recientes o una posici�n de artiller�a me pregunt� c�mo lo hubiera contado Arturo. Aunque quiz� P�rez-Reverte no s�lo escribi� sobre la guerra: escribi� un manual de instrucciones que los dem�s hemos ido usando mientras la viv�amos. El hotel de los periodistas como ese espacio liminal donde conviven el miedo, el alcohol, la camarader�a y la informaci�n, la soledad del testigo como la conciencia de que est�s viendo algo que el mundo necesita saber pero que nadie, salvo quienes han estado all�, va a entender del todo por mucho que te esfuerces en describirlo, ciertas dosis de cinismo necesario como coraza emocional, la tierra de nadie no s�lo geogr�fica sino moral donde las reglas normales no aplican y el periodista debe seguir su propia br�jula �tica. "El s�ndrome de Ulises", "la mirada de los mil metros", "el s�ndrome del superviviente" o "la l�nea de no retorno" son ya las llaves maestras de muchas cajas de herramientas, el mundo 'revertiano' como legado intergeneracional.El reportero P�rez-Reverte estaba all� y ahora es un privilegio para nosotros que el periodista m�s influyente de su generaci�n est� aqu�, en el diario que de verdad lee.