24/07/2026 a las 10:34h.

Hay oficios que parecían normales, sencillos, hasta que llegaron los tontos a complicarlos. El camarero atiende el bar, el taxista conduce, el soldado dispara, el dentista procura no perforarte el cerebro cuando implanta una muela y el periodista averigua. Para esto último no parece necesaria ... una revelación divina: basta con preguntar, escuchar y, si un entrevistado intenta largarse por la alcantarilla de la retórica, agarrarlo por el pescuezo y volver a preguntar. Pero eso era antes, me temo. Ahora demasiados periodistas sienten. Y de qué manera, oigan. Algunos sienten tanto que las emociones no les caben en el corazón, y tienen que llevarlas al telediario para compartirlas con el entrevistado y con el espectador.