0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialMario Benedetti contó en una ocasión que le había sorprendido un grafiti de Quito que decía: “Cuando teníamos las respuestas, nos cambiaron todas las preguntas”. Este es, en el fondo, el deber del entrevistador, no dejar que el entrevistado le avasalle con las contestaciones preparadas y conseguir que las cuestiones no sean las que espera. Javier Ruiz se había quejado el jueves en Mañaneros 360 (TVE) de que José Luis Martínez-Almeida, alcalde de Madrid, se anticipara a calificar de “baño y masaje” la entrevista que le haría a José Luis Rodríguez Zapatero. Pero lo cierto es que Ruiz estuvo agudo, incisivo y contundente. En ningún momento ejerció de masajista. Debe ser que algunos están demasiado acostumbrados a las entrevistas de regalo. TVE / EFECuando un periodista entrevista al primer expresidente investigado, puede experimentar mal de altura, pero no pareció el caso. Solo sentarse le soltó de un tirón a Zapatero que si se había corrompido, si había trapicheado con favores políticos, si había vendido influencias o si había desviado dinero a sus hijas. Mònica Planas ha escrito en su columna de crítica televisiva en Ara que las preguntas cortas no dejaban margen para pensar las respuestas y eran tan concretas que impedían las evasivas.La entrevista a Zapatero en TVE fue impecable y el presentador no ejerció de masajistaEl periodismo no pasa por sus mejores días, pero TVE y Javier Ruiz estuvieron a la altura del interés público. Gabriel García Márquez escribió que hay diversas clases de entrevistadores, pero todos tienen dos cosas en común: piensan que harán la entrevista de su vida y están asustados. Y lo que no saben es que los entrevistados están más temerosos que ellos.Zapatero se manejó con prudencia, se reafirmó en su inocencia y exculpó al Gobierno del rescate de Plus Ultra. Pero no disipó dudas. Gabo aseguraba que un colega radiofonista defendía que el secreto de las entrevistas consistía en sacar de quicio al entrevistado, porque era entonces cuando terminaban gritando la verdad de pura rabia. Pero el formato no era el de Sálvame y, además, a Zapatero es dificilísimo sacarle de sus casillas. Tiene la paciencia de un santo y la capacidad de meditar de un lama. Otra cosa será cuando arrecie la lluvia y deba mojarse ante el tribunal.